Salas alternativas de cine en 2021: Bienvenidos a la resistencia

POR: LALO ORTEGA

13-02-2021 12:15:03

Salas alternativas de cine en 2021 en resistencia


Las salas alternativas de cine en nuestro país atravesaron prácticamente todo 2020 con las puertas cerradas. En 2021, el panorama incluye la larga sombra de las cadenas (también en crisis), nuevas formas de ver cine y una prolongada pandemia, pero también, el prospecto de unificación. 

El Film Club Café se define a sí mismo como “un oasis al norte de la ciudad”. Es una descripción atinada en más de un sentido. No está propiamente ubicado en la capital mexicana, sino a las afueras de la misma. Hay que dirigirse hacia el norte por el Anillo Periférico y parar junto a las Torres de Satélite, en el Estado de México –dominio indiscutible de las dos grandes cadenas del multiplex, a punta de pelearse las pululantes plazas comerciales como quien juega al Monopoly–. Ahí, junto a una sucursal de un servicio de paquetería, se esconde este pequeño pero querido recinto cultural con casi 15 años de vida.


La última película que pude ver ahí, antes de que la pandemia de COVID–19 aterrizara en México hace un año, fue El niño (L’enfant, 2005), de los hermanos Dardenne. Era parte de un ciclo titulado 50 países, 50 películas, 52 directores contemporáneos, que se proyectaría cada jueves en orden alfabético, por país. Para entonces ya habíamos pasado por Osama (2003), de Afganistán; Contra la pared (Gegen die Wand, 2004), de Alemania, entre otras.


Sobra decir que ésta no es precisamente la programación que uno encontraría en la cartelera de un Cinépolis, y que sería difícil acceder a estas películas por otros medios. No están en el catálogo de ninguna plataforma de video on demand (VOD) en México.


El Film Club Café es sólo uno de los que el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) denomina “espacios alternativos de exhibición”, que no pertenecen a las grandes cadenas comerciales. En su Anuario estadístico de cine mexicano 2019, el IMCINE contabilizó 615 de estos espacios en todo el país, contando cineclubes y salas alternativas. De estos, más de la mitad se concentran en el corazón del país: 177 en la capital misma, y otros 145 en la llamada “región centro”, que en dicho documento se entiende por el Estado de México, Guerrero, Hidalgo, Oaxaca, Morelos y Puebla.


La razón de ser de estos “otros cines” tiene que ver menos con las cubetas de palomitas y nachos con queso, y más con el cine mismo. “Ya sea bajo el nombre de cineclubes, foros culturales, salas alternativas, proyectos itinerantes, etcétera, los espacios alternativos de exhibición cinematográfica han buscado resistir al llamado ‘cine comercial’ y a una política pública que cercena la posibilidad de ver un mucho mayor número de películas nacionales e internacionales”, escribió Fernanda Río, actual cabeza de la Dirección de Promoción del Cine Mexicano del IMCINE, en Cómo montar un cine: manual para exhibidores, publicado en 2018. “Algunos buscan promover el arte cinematográfico, otros promueven el diálogo en sus comunidades, otros proyectan el cine mexicano que no llega a las salas comerciales, otros el cine independiente internacional, y algunos otros buscan llevar el cine a lugares donde simplemente no hay. Su tarea es diversificar la oferta cultural (…)”.


Es decir, muchos de estos espacios –desde los pequeños cineclubes universitarios hasta las salas alternativas profesionales– desempeñan una labor crucial en la vida cultural del país: la formación de públicos y la exhibición de las películas que difícilmente se ven comercialmente. La programación que proponen, alternativa al llamado cine comercial, no sólo juega a favor del cine nacional, sino también de la diversificación de la oferta proveniente del extranjero. Ahí estaban, por ejemplo, la iniciativa #MásCineMexicano del Cine Tonalá en la Ciudad de México, o ciclos como el de Las 100 mejores películas de la historia, realizado por el ya mencionado Film Club Café a lo largo de 2018 y 2019.


Ambos son espacios con modelos de negocio establecidos, pensados para generar ingresos por otros medios –el restaurante en el caso del primero, la cafetería en el segundo–. Además de brindar una oferta cinematográfica más diversa, son recintos culturales plurales: el Tonalá también es famoso por los shows de stand-up, mientras que, en “el Film”, así como un día puede haber un conversatorio con la directora de Selva trágica (2020), Yulene Olaizola, al siguiente puedes encontrarte con un íntimo concierto de Radaid.


Cine Too en Guelatao Oaxaca


Hay varios más de estos “oasis” autogestivos, afines en objetivos, en otras regiones de la República Mexicana. Están, por ejemplo, el CineToo en Oaxaca, el Cine La Mina en Guanajuato, el Foro Cultural Kinoki en Chiapas, Cinema 21 en Veracruz, NayarLab en Nayarit, ElCineClub en Quintana Roo, entre muchos otros. No podrían ser más distintos a las dos grandes cadenas de cines de México, pero la pandemia no discrimina ofertas culturales ni modelos de negocio. Aunque también han tenido que cerrar sus puertas, estos espacios han recibido poca o nula atención en la conversación sobre el futuro del cine mexicano y las salas nacionales, olvidados ante las cifras de pérdidas en taquilla, ya de por sí alarmantes.


“Una siguiente cuarentena, yo creo que no la aguantamos”, afirmó Juan Pablo Bastarrechea, cofundador del Cine Tonalá, durante una entrevista telefónica en septiembre.


El Tonalá, al momento de la redacción, ha logrado mantener sus puertas abiertas gracias a la operación de su restaurante.


Sin embargo, otro querido espacio de exhibición capitalino no corrió con la misma suerte. La Casa del Cine se vio obligada a cerrar sus puertas de forma permanente en diciembre de 2020. Tenía una década en operación.


La Casa del Cine MX instagram


“Al principio de la contingencia, sí hubo conversación sobre estos espacios de exhibición, pero como siempre, se visibiliza primero lo que hay en el centro del país, en la Ciudad de México específicamente”, comentó en entrevista Grisel Alcántara, codirectora de ElCineClub, a finales de septiembre. 


“Para proyectos como nosotros, uno de los retos más grandes es la invisibilidad en comparación con lo que hay en la capital y lo que alcanzan a ver los medios especializados, o lo que es más ‘mediático’”, continuó Alcántara. “Es muy difícil que te volteen a ver para tener algo de réplica y divulgar actividades”.


ElCineClub se constituyó en Playa del Carmen, Quintana Roo, como proyecto de exhibición itinerante e independiente en 2011. Desde entonces ha ofrecido funciones en sedes cerradas como el Museo Frida Kahlo Riviera Maya, pero también en lugares abiertos como el Parque La Ceiba, entre otros espacios públicos. Su cartelera se nutre de películas de distribuidoras como Interior XIII (Pájaros de verano, La casa lobo, La región salvaje), Artegios (La libertad del Diablo, Para Sama) o Piano (Tiempo compartido, La daga en el corazón); complementada con estrenos del Circuito Cineteca, programación de festivales como Ambulante o Shorts México, e incluso de películas distribuidas de manera independiente por sus propios productores o directores. 


Víctor Morillas, codirector de ElCineClub, detalló que al tratarse de un proyecto itinerante, en los últimos años han logrado obtener fondos gracias patrocinios de empresas locales que promueven funciones privadas en la comunidad. Sin embargo, realizarlas es difícil dadas las cambiantes condiciones de salud.


“No nada más nosotros, sino espacios similares al nuestro, estamos en peligro de desaparecer”, señaló Morillas sobre la posible prolongación de los confinamientos.


El Cine Club Playa del Carmen


ElCineClub fue uno de los cuatro espacios de exhibición independientes en la República Mexicana que participaron en la campaña Ayuda a que las pantallas sigan brillando, una iniciativa publicada en Donadora en colaboración con otras tres salas alternativas: CineToo, NayarLab y Cine La Mina. A cambio de donativos, las salas ofrecieron recompensas que iban desde pases dobles y cortesías en Bookmate, hasta películas en DVD, souvenirs coleccionables autografiados y pases ilimitados por un año.


Así lograron su meta gracias a poco más de 560 donadores. Los recursos, como se detalla en Donadora, serían repartidos entre las cuatro salas para solventar sus gastos fijos y resistir en los tres meses siguientes al final de la campaña, “tiempo que se espera duren las medidas precautorias para evitar la propagación del COVID19” (sic). 


La campaña concluyó hace alrededor de ocho meses.


“Nosotros estábamos por cumplir cuatro años de actividades en nuestra primera sede física, Callejón de la Condesa 6, en el centro de Guanajuato”, comentó en entrevista  la propietaria del Cine La Mina, Leslie Borsani. “Desafortunadamente, en junio decidimos dejar ese espacio a pesar de que el dueño del espacio nos dio facilidades”. 


“Como con todos los cines, una entrada importante, pero simbólica, eran los boletos”, explica Borsani. “El sustento económico era la cafetería, más la venta de libros, películas y otros souvenirs que nos ayudaban bastante”. Incluso con una reapertura inmediata, las medidas sanitarias como el aforo limitado mermarían el ingreso potencial de este y otros recintos de su tipo.


En la Ciudad de México, por ejemplo, dicho límite se establece en el 30% de la capacidad de cada sala. Son condiciones descritas como “operativamente muy complicadas” por César Luna, director operativo de Cinemanía, una de las salas alternativas de mayor tradición en la capital mexicana, con más de dos décadas en funcionamiento.


“El 30% de mi aforo son seis personas”, bromeó Raúl Ojanguren, propietario y programador del Film Club Café, en el Estado de México.


Para las salas alternativas, pues, su propia naturaleza ha sido un arma de doble filo ante las condiciones sanitarias, y muchas de ellas se han organizado para tomar acciones de subsistencia. La citada campaña de Donadora fue apenas una de varias iniciativas colectivas por parte de este tipo de espacios. 


“A finales de marzo, con esta situación, se armó un grupo (de WhatsApp) que después empezó a trabajar conjuntamente”, contó César Luna en septiembre. “Durante todo este tiempo, desde que comenzó la contingencia, hemos conocido otros espacios que se han sumado al grupo de trabajo. Se trató de desahogar estas impresiones que teníamos sobre lo que serían los siguientes meses, cómo sortear la emergencia, y si teníamos algún plan individual o colectivo para sobrevivir”.


Cinemanía Loreto CDMX


“Entonces, ante la incertidumbre, decidimos como grupo firmar una carta que enviamos a IMCINE, a mediados de abril, donde explicábamos nuestra situación”, continuó Luna. “Esto a sabiendas de que este grupo de salas somos un brazo importante de apoyo para el cine nacional, y que tenemos una relación muy estrecha con los creadores para apoyar sus actividades; sobre todo en este contexto en el que está copada la exhibición nacional por un duopolio que no otorga condiciones equitativas al cine nacional”.


En más de un sentido, las salas alternativas independientes son de los pocos contrapesos a uno de los asuntos más urgentes de la cinematografía nacional: que muy pocas de las producciones mexicanas se traducen en butacas llenas, y ni hablar de ganancias en taquilla. Muchas de ellas ni siquiera se estrenan comercialmente. 


“Es por todos sabido que la exhibición es el problema principal del cine mexicano”, señaló Juan Pablo Bastarrechea, de Cine Tonalá. “Hemos llegado a números muy importantes de películas producidas en últimos años, pero difícilmente llegan a salas o no lo hacen en las mejores condiciones”.


“El escalón final de la producción de una película, su misión última, es llegar al espectador”, señala Fernanda Río en Cómo montar un cine: manual para exhibidores. “En los últimos años se ha hablado del crecimiento de la cinematografía nacional, del aumento de producciones por año y de los premios obtenidos en festivales internacionales. Sin embargo, hay otros dos pasos en la vida de una película que las cintas mexicanas e internacionales no experimentan satisfactoriamente en México: la distribución y la exhibición”.


Los números reportados por la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE) y el IMCINE en el último lustro, bastan para validar las palabras de Río. De acuerdo los anuarios estadísticos del IMCINE de 2015 a 2019 ha habido un aumento constante en producciones nacionales cada año, comenzando con 140 en 2015, para llegar hasta 216 películas producidas en 2019.


Los ingresos en taquilla del cine mexicano incluso lucen saludables en la superficie. De acuerdo a estadísticas de la CANACINE, dichos ingresos han crecido de 739 millones de pesos en 2015, a mil 767 millones de pesos en 2019. Se trata de un crecimiento sostenido, salvo por un ligero bache en 2017 cuando, aun así, el cine nacional ingresó mil 106 millones de pesos. 


Sin embargo, en 2015, 86% de esos ingresos se concentraron en apenas las 10 películas más taquilleras, de las 80 estrenadas comercialmente en ese año. Para 2019, esa proporción sólo bajó al 77%, sobre 101 películas estrenadas. Durante dicho periodo, en promedio, seis de las 10 películas mexicanas más taquilleras de cada año han sido de Videocine, distribuidora detrás de películas como No Manches Frida (2016), su secuela (2019), Mi pequeño gran hombre (2018) y Mirreyes vs Godínez (2019), entre otras. 


Para ejemplificar, sólo en 2019, 91 de las 101 películas mexicanas estrenadas comercialmente se repartieron 23% de los ingresos totales en taquilla. Es decir, menos de la cuarta parte.


No manches Frida 2


La Ley Federal de Cinematografía estipula, en su artículo 19, que los exhibidores reserven 10% del tiempo total de exhibición para la proyección de películas mexicanas en sus salas, por un periodo mínimo de una semana. De acuerdo con César Luna, salas alternativas como Cinemanía, Film Club Café, CineToo, Cine Tonalá, Cine La Mina, entre otras; exceden ese 10% y dedican en promedio 30% del tiempo de su programación al cine mexicano. Esto sigue siendo superior al 21% estimado como contribución de las salas comerciales, según el estudio Visor Ciudadano No. 56 del Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República.


“Lo que hicimos fue decirle a IMCINE que estábamos aquí, con conocimiento de que las prioridades eran amplias y de que no estamos viviendo personalmente la tragedia, sino que es una urgencia sanitaria para todos”, detalló Luna sobre la carta enviada al Instituto. “Pero a sabiendas de que somos un brazo importante de apoyo para el Instituto, creímos importante, de ser posible, acceder a un fondo de emergencia para solventar los gastos de nuestros espacios para subsistir y seguir cumpliendo nuestro rol en la exhibición nacional”.


“Era una cuestión de hablar sobre nosotros como grupo”, acotó en la conversación de septiembre. “El propio IMCINE reconoce que hay una deuda con esta clase de espacios por ser el brazo aliado, pero generalmente somos los últimos a quienes nos preguntan qué sucede”.


Sobre la respuesta del IMCINE a las cartas enviadas por el grupo de salas alternativas, Luna compartió: “nos dieron a entender que, por precaución, no podían tomar una decisión de permitirse erogar gastos que no sabían si iban a necesitar después, algo perfectamente comprensible, Y nos dijeron que había un proyecto en Chapultepec para el que sí había presupuesto (el Complejo Cultural Los Pinos), y que si como grupo lográbamos una propuesta que pudiera acoplarse a los objetivos de éste, era probable que pudiéramos acceder a un fondo para realizarla y que, al mismo tiempo, nos ayudara a nosotros”.


Para ejemplificar las peticiones del contingente de salas alternativas, el director operativo de Cinemanía citó la Convocatoria para reactivación de espacios escénicos, lanzada por la Secretaría de Cultura, el Complejo Cultural Los Pinos y el Centro Nacional de las Artes, en apoyo a “los mejores proyectos de reapertura de espacios escénicos independientes de nuestro país, tras la pandemia de COVID–19”.


El contingente de salas alternativas diseñó una propuesta de proyecto de exhibición “en tiempo récord”, aproximadamente una semana. Ésta consistía en una serie de funciones y conversatorios realizados de forma itinerante entre el Complejo Cultural Los Pinos y las salas alternativas firmantes en toda la República Mexicana, con presencia de creadores, teniendo en cuenta las condiciones sanitarias y alternativas virtuales.


No hubo respuesta por parte de la Secretaría de Cultura sobre la propuesta.


En paralelo, durante julio, el IMCINE convocó a una serie de mesas de trabajo con miras a fortalecer y transformar al todavía existente FIDECINE, así como abordar materias pendientes en el quehacer cinematográfico nacional y contemplar una mayor pluralidad. En dichas mesas de trabajo, también se contempló la participación del gremio de exhibición.


Mesas de diálogo del IMCINE


Históricamente, las convocatorias del IMCINE dedicadas a la exhibición no han sido técnicamente apoyos (como indicaría su nombre), sino créditos para equipamiento o mantenimiento.


“Creo que en la administración pasada nos quedamos esperando apoyos a la exhibición más allá de créditos, que de hecho han sido súper problemáticos”, expresó Bastarrechea.


La pandemia, sin embargo, abrió la posibilidad de generar cambios al respecto. 


“Que esta plática, esta reunión, esta coyuntura no sea simplemente para decir que FIDECINE no va a desaparecer, sino que sea el punto de partida para ver cómo mejoramos el apoyo a esta importante industria”, se pronunció el diputado federal y presidente de Morena, Mario Delgado, el 21 de mayo de 2020.


Las palabras de Delgado, si se puede afrontar al cinismo con ironía, bien pudieron ser el epitafio del FIDECINE unos meses después, muy a pesar de las promesas realizadas a la comunidad cinematográfica mexicana en diálogo abierto.


El 2 de abril de 2020, el presidente Andrés Manuel López Obrador decretó la extinción de los fideicomisos sin estructura orgánica, con el objetivo de “combatir el despilfarro de los bienes y recursos nacionales y administrar los recursos con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que están destinados”. Entre ellos, además del FIDECINE, se encontraba el Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (FOPROCINE).


Mario Delgado twitter


Este fue el inicio de una serie de idas y venidas entre diputados y senadores, el IMCINE, la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC) y otros prominentes integrantes de la comunidad cinematográfica nacional (más al respecto en esta cronología).


“Desde el legislativo, vamos a trabajar para fortalecer al IMCINE”, declaró el diputado Sergio Mayer en un video publicado por Morena el 1 de octubre. En el mismo video, Mario Delgado afirmó que el objetivo era reformar la Ley de Cinematografía para que el IMCINE pasara a tener las facultades del FIDECINE, y mantener los apoyos al cine mexicano.


No obstante, en noviembre, se aprobó en la cámara de diputados un recorte de 46 millones de pesos al IMCINE para 2021.


La decisión se contrapone a las denuncias y peticiones de organizaciones como la Red Nacional de Cinematografías Estatales (RENACE), conformada por realizadores, divulgadores, exhibidores, y más integrantes de la comunidad cinematográfica de todo el país.


La red acusa el contraste entre los recortes de la actual administración al sector cultural en amplio sentido, y el presupuesto asignado al Complejo Cultural Bosque de Chapultepec, que como reporta El Economista, recibirá 25% de los recursos asignados a cultura en el Presupuesto de Egresos de la Federación 2021. Esto, sostienen, inhibe el desarrollo de las cinematografías estatales y, en general, el cumplimiento del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. Éste, en materia de cultura, tiene como objetivos “la difusión, el enriquecimiento y la consolidación de la vasta diversidad cultural que posee el país y trabajar en estrecho contacto con las poblaciones para conocer de primera mano sus necesidades y aspiraciones en materia cultural”, con hincapié en que “los recintos tradicionalmente consagrados a la difusión del arte no deben centralizar y menos monopolizar la actividad cultural”.


Como explican a Proceso representantes de la RENACE, “nos organizamos en 2019 cuando empezaron las discusiones en las mesas para modificar la Ley Federal del Cine, porque muchos de manera individual trataron de acercarse y no hubo respuesta”.


En el programa 27 de los conversatorios ¿Y después del COVID... qué?, presentados por Alfhaville Cinema, representantes de la red señalaron que los estados no siempre reconocen a las comunidades cinematográficas locales dentro de sus organismos culturales, “porque los consideran demasiado emergentes o porque no son lo suficientemente grandes para prestarles atención”.


La realización de las mesas de trabajo del IMCINE, desde la virtualidad, fue lo que facilitó la participación estatal en diálogos con el resto de la comunidad cinematográfica nacional. Sin embargo, como acota en el citado conversatorio uno de los representantes de la RENACE, Alfredo González Unibe; “al inicio tomamos a muchos por sorpresa, como que se preguntaban de dónde salimos. Pero yo acá en Baja California tengo 12 años”.


Con este telón de fondo se constituyó la nueva figura del Programa de Fomento al Cine Mexicano (FOCINE), con el que, en palabras de la presidenta del IMCINE, María Novaro, “damos cumplimiento a nuestro compromiso de armar un instrumento administrativo que sustituyera a los fideicomisos que desaparecieron en 2020”.


Entre las 12 convocatorias que conforman el FOCINE, publicadas por el IMCINE el 15 de enero de 2021, hay por primera vez dos subsidios dedicados al apoyo a la exhibición. Está la convocatoria de equipamiento y/o acondicionamiento de espacios y proyectos de exhibición, y la de apoyo a proyectos de formación de públicos y de exhibición de cine mexicano.



En entrevista telefónica el 27 de enero de 2021, la Directora de Promoción del Cine Mexicano del IMCINE, Fernanda Río, explicó que ambas convocatorias son resultado de las mesas de trabajo realizadas por el IMCINE en julio de 2020, en aquel entonces pensando en reforzar y reestructurar el FIDECINE.


“Hubo una (mesa de trabajo) de exhibición en la que escuchamos las necesidades que tenían estos exhibidores con toda su diversidad, así que había muchos tipos de necesidades y características”, detalló Río. “Tratamos de reunir todo eso en estas dos convocatorias y cubrir todos los frentes, desde las posibilidades de un programa de subsidios”.


Ambas convocatorias, explicó Río, se conciben para atender la necesidad tecnológica de equipamiento inicial para exhibidores, pues “creemos que el cine mexicano tiene que verse con la mayor calidad posible, lo que hace necesario el equipo y el espacio adecuados”.


Además de que la segunda convocatoria se dirige exclusivamente a proyectos de exhibición y formación de públicos para el cine nacional, la primera convocatoria exige que, una vez otorgado el apoyo económico, los proyectos solicitantes se comprometan a reservar el 40% del tiempo de su cartelera al cine mexicano “de calidad” durante un año. Podrán aplicar toda clase de proyectos, sin importar de qué índole, que puedan comprobar un año de operaciones.


“Cuando llevas un rato trabajando en la exhibición alternativa, puedes encontrar proyectos desde cineclubes universitarios, restaurantes o bibliotecas, hasta un multiplex de siete salas, o un proyecto comercial de una sala con todo el equipamiento que tiene un multiplex”, justifica Río. “Lo pensamos así porque así funciona la exhibición en nuestro país, es súper diversa y era momento de dar esa libertad de que aplique todo el que quiera poner cine mexicano”.


Para puntualizar sobre la acotación “de calidad”, señaló que “nos referimos al cine mexicano que esté buscando a sus audiencias, ese cine que muchas veces no se proyecta en salas comerciales”. Lo cual no quiere decir que los solicitantes estén impedidos de incluir en su programación el enésimo taquillazo romántico de Omar Chaparro.


“No lo estamos restringiendo a un tipo de cine mexicano, eso sí quiero que quede claro”, establece la directiva, “pero sí se va a evaluar la propuesta integral. Es decir, no solamente qué cine se proyectó sino también en qué calidad tecnológica y en qué horarios, y esta clase de elementos que afectan mucho cómo el espectador recibe una película”.


Permanece la cuestión del recorte de presupuesto al IMCINE, y cómo esto afectará –o no– los alcances del FOCINE. “Donde haya más demanda, más dinero se va a asignar”, señaló Fernanda Río sobre las 12 convocatorias totales del programa, obedeciendo a la lógica de ejercer todos los recursos asignados. “Así nos aseguraremos de cubrir todos los frentes”.



Por otra parte, existe voluntad del IMCINE para que los apoyos se descentralicen, y en las bases de la convocatoria de exhibición incluso se detalla que se priorizarán proyectos que se desarrollen en zonas vulnerables o con poco acceso a la oferta cinematográfica. De acuerdo con Río, también hay planes por parte de la institución para ampliar el conocimiento que se tiene sobre los espacios de exhibición alternativos en el país. “Estamos tratando de hacerlo mucho más completo, que no sólo se reporte mejor cuántos hay. También nos interesa saber cómo funcionan”, puntualizó. “Son datos que fueron muy importantes para diseñar FOCINE y los seguimos recabando”.


“Este año incluso intentamos calcular la taquilla que genera este circuito”, añadió Río. “Obviamente es una tarea que nos tomará un par de años, pero que ya iniciamos y con la que esperamos poder dar números más claros al respecto”.


El plan es que, a propósito de FOCINE, se realice un encuentro virtual de exhibidores en 2021, con miras a la profesionalización de salas alternativas y otros proyectos de exhibición, además de generar una red o circuito entre ellos.


Sin embargo, en el camino a la formación de redes de apoyo, la comunidad le lleva la delantera, por años, a la institución.


Específicamente en materia de exhibición con una visión comunitaria, existe desde 2018 la Comunidad de Exhibición Cinematográfica (CEDECINE). Entrevistado en septiembre de 2020, su comisionado de comunicación, Lefteris Becerra, explicó que la organización encuentra sus antecedentes incluso un año antes, con la Red de Cineclubes del Noroeste, fundada durante un encuentro convocado por Mónica Luna (hoy Directora de vinculación regional del IMCINE).


“La mayoría de los integrantes de CEDECINE somos cineclubes guerrilleros”, puntualizó Becerra sobre la organización, que ya contabiliza más de 200 espacios de exhibición afiliados, entre cineclubes, cines itinerantes y otros proyectos similares. Refiere que, en su mayoría, “no cobramos entrada, no tenemos taquilla, lo hacemos de forma gratuita, sin subvenciones, con la convicción de que le garantizamos a la gente lo que el gobierno no le garantiza, el derecho constitucional de acceso a la cultura”.


Salas alternativas con modelos de negocio como Cine La Mina, CineToo, Film Club Café, el Foro Cultural Kinoki, Jeudi 27, Cinema21, el Baticine, entre otros, también forman parte de la CEDECINE.


En palabras de Lefteris, el acceso al cine en México es un “fracaso rotundo, sin importar lo que haya hecho hasta ahora el IMCINE o cualquier otra institución cultural del Estado”. Ese vacío de acceso a la cultura, afirma, ha sido llenado por la ciudadanía organizada, por medio de sus propios recursos o en alianza con instituciones públicas y educativas.


CEDECINE


En este sentido, la CEDECINE ha gestionado, de manera independiente, los estrenos de tres películas mexicanas a nivel nacional con el apoyo de cineclubes y salas alternativas de su red: La historia negra del cine mexicano (2016) y Yo no soy guapo (2018) en 2019, a las que se sumó Tiempo sin pulso (2016) en diciembre de 2020. Según el reporte de resultados para 2019 de la propia organización, Yo no soy guapo recaudó más de 147 mil pesos en taquilla y casi 3 mil 600 asistentes a lo largo de 7 semanas de exhibición con dos pantallas (números respaldados por el Anuario estadístico de cine mexicano 2019 del IMCINE), logrando uno de los mejores promedios de asistencia por pantalla para una película mexicana en ese año.


“Si te planteas que es un logro del trabajo gratuito, es bastante bueno”, acotó Lefteris. “Si ya nos dedicamos a esto de medio tiempo, de manera tan efectiva, imagina lo que lograríamos si pudiéramos vivir de ello. Podríamos quintuplicar los resultados”.


Una de las principales preocupaciones al interior de la CEDECINE, explicó su comisionado, es que la existencia de sus proyectos integrantes no dependa “de los ratos libres que podamos pellizcar a nuestras ocupaciones”. La comunidad busca consolidar la profesionalización, entendida como alcanzar las condiciones para que su actividad como exhibidores pueda ser una ocupación de tiempo completo. 


Dentro de la comunidad, sin embargo, existe una amplia diversidad de voces.


“Hay muchos proyectos que sí tienen un modelo de negocios y son económicamente autosuficientes, que son miembros valiosos por su experiencia y que nos ponen ejemplos de lo que se puede lograr en el contexto actual”, detalló Becerra. “Pero hay otros ejemplos, cineclubes universitarios o de bibliotecas públicas. Ellos no tienen los problemas que enfrentan las salas independientes, que tienen que buscar de dónde sacar recursos para el equipo, o si se les funde el foco del proyector. Tenemos esa diversidad, y a pesar de ella, nos preocupa trabajar por el bien común de todos estos proyectos de exhibición”.


Esta misma diversidad es una fortaleza de la organización, pero también uno de los puntos de debate entre sus mismos integrantes.


“Es complejo. Conceptualmente, nosotros y otros cines del contingente con el mismo modelo, no nos identificamos tanto como cineclubes”, explicó Leslie Borsani de Cine La Mina, en Guanajuato. “El cineclubismo ha sido muy importante, y sobre todo ha creado a muchos cinéfilos que ya estamos en otra etapa. Tienen una labor formativa muy valiosa, en La Mina procuramos que se preserve. Pero históricamente, los cineclubes se han mantenido en una labor distinta de la cadena de la “industria” cinematográfica, aunque esa palabra pueda ser un tanto conflictiva también”.


Cine La Mina Guanajuato


“Por otro lado, hay salas alternativas independientes que tienen una programación constante, en contacto directo con distribuidoras, y dentro de ese modelo ya profesionalizado también tenemos diferencias”, añadió Borsani sobre lo que ella describe como una saludable diferencia estructural entre la CEDECINE y el denominado contingente de salas alternativas. “Podemos pensar en Cine Tonalá, Cinemanía, Nayarlab, CineToo, Cinema21… son salas que cambian en concepto, diseño o programación, pero tienen un modelo de negocios similar”.


“Es que se confunde lo cultural con lo comercial, haciéndolo parecer como que están peleados, aunque no sea así”, opina Raúl Ojanguren del Film Club Café, Estado de México. “Pero claro, hay que pensar en las formas. Claramente el modelo del Film no funciona por el cine, sino por la cafetería”.


“Probablemente con la llegada del cine al hogar y la cinta magnética de alta definición, tendremos el cine en casa, no harán falta las salas de cine. Toda la estructura existente desaparecerá y no será fácil, ni algo breve”.


Este augurio fue dicho por el director Michelangelo Antonioni durante su participación en el cortometraje Room 666, dirigido por Wim Wenders en 1982, en el que varios cineastas (entre ellos también estaban Steven Spielberg y Jean-Luc Godard) desfilaron ante la cámara para responder lo que, en su opinión, deparaba al futuro del cine. Desde entonces, se ha pronosticado que la causa de muerte de las películas serían las series de televisión, las cintas de video, las pantallas caseras cada vez más sofisticadas y, finalmente, las plataformas de streaming con ultra high definition como Netflix.


Todas han transformado al cine de algún modo, pero ninguna ha estado realmente cerca de dar la razón a los agoreros. Al menos no por sí sola, ni en la medida que sí lo ha hecho la pandemia de COVID–19.


En Estados Unidos, los estudios han optado por mudar sus más grandes estrenos, como Mulán o Mujer Maravilla 1984, a plataformas de streaming. Mientras tanto, las grandes cadenas de cines como AMC enfrentan una lucha cada vez más cuesta arriba para sobrevivir. En México, algunos estrenos han alcanzado a llegar a salas, pero según los resultados preliminares de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE) para 2020, la industria nacional de exhibición sangró el 95% de sus ingresos en taquilla en comparación con 2019. Cinemex ya se ha visto orillada al cierre temporal de sus complejos en varias entidades del país, y en algunas como Durango ya se habla de nuevos cierres definitivos. 


Cinepolis resiste ante la pandemia


Si bien es cierto que las salas alternativas han sido generalmente obviadas en esa conversación, la pandemia también ha evidenciado que, a pesar de sus condiciones operativas, su naturaleza bien podría ser la clave para recorrer el oscuro túnel de la crisis sanitaria hasta el final. Ha sido un arma de doble filo, pero un arma al fin y al cabo.


Varias cualidades han definido a estas salas durante este periodo de supervivencia. En primer lugar está su flexibilidad, no sólo para adaptarse a las circunstancias con rapidez, sino para hacerlo manteniendo su espíritu de compartir el cine. En muchos casos, ese objetivo se ha consolidado gracias a la virtualidad.


“Quisiera mantener los cursos y la comunidad en línea, es algo que llegó para quedarse independientemente de cuánto dure la pandemia”, explicó entusiasta Raúl Ojanguren sobre el modelo de negocios para el Film Club Café hacia el futuro. El recinto ya era conocido también por alojar cursos y talleres, pero estos tuvieron que mudarse a Zoom y han tenido éxito (y asistentes de todo el país) en esta versión a distancia. “En el soñado caso de que el virus dejara de existir mañana y todo volviera a la normalidad, hay gente que disfrutó estar en línea, incluso pudiendo salir”.


En el caso del Cine La Mina, la pandemia trajo el cierre de su primera sede, pero también una oportunidad de “guardar energías”, repensar el modelo de negocio para reducir costos, y echar a volar la expansión de su proyecto de exhibición en una nueva sede, gracias a los recursos recaudados en la campaña de Donadora. “El espacio ya nos estaba quedando chico”, explicó la propietaria, Leslie Borsani. “En la sede original, que era una casa adaptada a cine y cafetería, teníamos dos salas audiovisuales pequeñas, la más grande con capacidad para 15 personas y otra para 10”.


La nueva sede, que ya retomó actividades, se encuentra en la calle en Sangre de Cristo 13 (a poco más de un kilómetro de la ubicación original). En videollamada, Leslie adelantó que la nueva sede de “La Mina” está equipada con una sala principal para 35 o 40 personas, y que su nuevo modelo de actividades no será totalmente presencial ni virtual, sino híbrido, contemplando también una modalidad itinerante.


“Las funciones al aire libre en comunidades serían la rama más social y comunitaria de La Mina”, expone Leslie. “Siempre queríamos ponerlo en marcha, pero el espacio nos había absorbido un poco”. También anticipó que, para el brazo de formación de su proyecto, una de las salas en la sede principal tendrá tecnología para transmisiones en vivo, con el objetivo de que talleristas puedan impartir cursos incluso desde otros sitios de la República Mexicana.


Para ElCineClub en Quintana Roo, esa flexibilidad viene de las funciones al aire libre, piedra angular de sus actividades desde sus inicios, y que han podido retomar con las medidas de seguridad pertinentes.


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Sin embargo, la otra gran cualidad que ha permitido a las salas alternativas enfrentar esta crisis, en condiciones variables, ha sido el espíritu comunitario que las define.


“Nos preguntamos, ¿qué hacer para no perder el contacto con la comunidad, sin que nos cueste un dinero que no tenemos en este momento?”, explica Grisel Alcántara, de ElCineClub. “Había que hallar un equilibrio entre lo que podíamos lograr con lo que sabemos hacer, para darle algo de vuelta a la comunidad”.


Esa vocación se tradujo en el proyecto de la Sala Virtual. “Es algo que se va a quedar y tendremos que aprender a monetizar”, adelanta Alcántara. “Ese es otro paso, hay que hacernos un espacio en medio de todas las alternativas digitales que todos conocen, Netflix, Amazon y demás. Ni siquiera es como que de este lado se conozca lo que es FilminLatino”.


En casos como el del Film Club Café, esa misma comunidad ha dado algo de vuelta. “Yo estaba confiado de que existía una comunidad muy fuerte”, explica Raúl, quien desde el cierre inicial por la pandemia implementó una campaña de donativos en PayPal (aún activa), para solventar gastos y deudas atrasadas del recinto.


“Entonces en la tercera semana (de campaña), de pronto empezaron a donar otra vez, pero fue muchísima gente”, añadió. “También a los cursos les empezó a ir muy bien. Yo esperaba que de cuatro cursos se juntaran seis personas a lo mucho, y de pronto tenía 20 personas en cada uno. Fue increíble, hubo días que tuve ganas de llorar de la emoción, llegaban donativos de gente que ni conocía, o de gente que me escribía diciendo que el Film es su lugar favorito”.


No hay duda de que ese también es el caso para el público de muchas de estas salas alternativas en el país, con la irremplazable vocación de ofrecer al público un cine más diverso –de México y del resto del mundo–, labor en la que, en muchas ocasiones, son la única opción cinematográfica en sitios donde se complica el acceso a internet o a los grandes complejos de Cinépolis o Cinemex. Sin embargo, ante una pandemia cada vez más prolongada, la invisibilidad resultante de la centralización y un gobierno que por años ha insistido en reforzarla, el riesgo de su desaparición ha sido constante y creciente durante todo 2020.


elcineclub en FilminLatino


Sin embargo, la virtualidad ha abierto nuevos canales de diálogo y apoyo. Si bien queda pendiente la consolidación de visiones y objetivos entre los proyectos que conforman a las incipientes redes de exhibidores, lo cierto es que, si se trata de resistir la adversidad, la resistencia está en la comunidad. El rol que podrán seguir jugando las salas alternativas luego de la pandemia aún está por verse, como también lo están las condiciones en que quedará un tablero en el que cada vez pesan más las plataformas de streaming y las pantallas del hogar.


¿Cómo apoyar a las salas alternativas?


Ante la prolongación de la crisis sanitaria, varios de estos espacios requerirán de alguna clase de apoyo para subsistir. Si está dentro de tus posibilidades, puedes considerar alguna de estas opciones, teniendo siempre como prioridad las medidas de salubridad: 


  • Conoce la oferta de salas alternativas y cineclubes en tu localidad. Si no la conoces, puedes consultar en este enlace el mapa regional proporcionado en el sitio web de CEDECINE.
  • Difunde y participa en las actividades virtuales que organizan las salas alternativas. Muchas de ellas son gratuitas con previo registro, como los conversatorios Músicos hablando de cine del Film Club Café o la Sala Virtual de ElCineClub, por mencionar dos ejemplos.
  • Varios de estos espacios también tienen una oferta de cursos y talleres en línea, algunos gratuitos y otros a costos accesibles. Si está dentro de tus posibilidades, inscríbete a uno.
  • Sigue en redes sociales a CEDECINE, a RENACE y a los espacios de exhibición de tu localidad para estar al tanto de sus actividades e iniciativas.
  • Algunas salas alternativas, como el Foro Cultural Kinoki en Chiapas y el Cine Tonalá en la Ciudad de México, funcionan también como restaurantes con servicio a domicilio y ambos han publicado sus menús en línea. Si te es factible, ordena comida de sus restaurantes (puedes consultar el menú del Tonalá aquí, y el de Kinoki aquí).


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