CINEANDO EN LA URBE- Regresemos al origen

POR: SAÚL ROSAS

16-09-2021 10:55:07

CINEANDO EN LA URBE- Regresemos al origen


"Cuándo a las nueve de la noche me ponián la canción de las brujas de Cri Crí, sentía un horror interminable"


De la autobiografía que nunca escribiré p40


Hace unos años estuve en un homenaje, sencillo por cierto, a Santo, el enmascarado de plata. Fui requerido para hablar del paso del luchador por el séptimo arte.

En la mesa de debate estuvieron conmigo Tonatiuh González, periodista de Milenio Diario y gran amigo, junto a Mauricio Matamoros de publicaciones de la Cineteca Nacional. Entre los tres nos la pasamos en la pachanga pura recordando muchas de las anécdotas que encierra el cine de Santo y muchas de las barbaridades técnicas de dichos filmes.


Fue algo así como esas charlas de cantina pero sin alcohol. Disfrutamos con el recuerdo, con las visiones de cada uno y con las preguntas de los asistentes al recien abierto cine Venustiano Carranza. En fin, una tarde deliciosa y de encuentro con fanáticos del luchador.


Y mientras concluíamos algunas cosas acerca del cine de luchadores, que Tona a huevo dice que es Santo Films (pero sólo pa los gringos), llegó invariablemente la postura ante una corriente cinematográfica que ya vió sus mejores días.


Por un lado, ahora a casi todo el mundo les parecen ridículas y exageradas. Y por otro, se han vuelto de culto porque hay necios como nosotros que las disfrutamos a más no poder y las recomendamos a las nuevas generaciones como parte de lo que es gozar la vida sin tantas mamadas políticas y sociales.


Recuerdo que cada uno de los exponentes en la mesa tenía un toque así como de nostalgía ante lo que las cintas de Santo nos habían provocado allá en nuestros años infantiles y de adolescencia. Y ahí está el detalle:


Sala de cine


Para apreciar de nuevo el cine en lo que vale, ya sea pasado o presente habrá que regresar al origen de las emociones. Al asombro de cuando eramos niños y teníamos la emoción a flor de piel. Porque eramos recptivos. Porque estabamos dispuestos a disfrutar del séptimo arte, estabamos dispuestos a reir, a llorar, a emocionarnos, a espantarnos, a gritar o quedarnos sin respiración.


Era lo chingón de ir al cine en esa actitud. Siempre dispuestos a desgastar la emoción y sobre todo divertirnos, incluso con las emociones fuertes.


Tenemos que regresar porque hemos perdido la capacidad de asombro. Somos demasiado concientes para disfrutar del cine. Todo nos caga, nada nos parece, nada nos espanta, nada nos hace reir o llorar. Chingao! Seamos partícipes del espectáculo, regresemos a la época lúdica, por lo menos durante dos horas.


Es horrible ir al cine a escuchar pura crítica destructiva, a escuchar comentarios como "ya lo sabía", "Se la jalaron", "ni quién les crea".


¡Coño! ¡Es ficción, mera ficción! No es una realidad es una apariencia y puede ser muy disfrutable.


Lo único cierto es que por lo menos los tres monos que estabamos ahí hablando de Santo tenemos en común eso: el disfrute permanente de las cosas que la vida nos ofrece para divertirnos no para amargarnos la existencia.


Ahí se ven.



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