Los gatos, una metáfora sobre el maltrato emocional

POR: VIOLETA ROJAS

15-06-2020 14:37:24

Los Gatos crítica


Quizás amor de mi vida yo no soy nada sin tu canción […] si Dios me abandona mi vida ya es tuya”, dice la canción que suena al final del cortometraje de animación Los Gatos, escrito por Cesar Perlop y dirigido por Alejandro Ríos, que nos hace reflexionar sobre la permisión del abuso y la dependencia en una relación.

Los gatos nos permite hacer una comparación metafórica entre los felinos domésticos y los seres humanos, pues ambos, los gatos y las personas, poseen una naturaleza y un carácter independientes.


El corto, que al principio parece una historia feliz bellamente animada, nos muestra a un viejo que rescata a un gato callejero, lo alimenta, lo lleva a su casa y forma una relación con el animal, hasta ganar su confianza. Confianza que es inesperada y violentamente traicionada, provocando la huida del gatito.


De vuelta en la calle, el animal se topa con lo que todos sabemos: el mundo es duro para un ser indefenso, abandonado a su suerte, caminando las calles con la esperanza de encontrar calor y comida, un mundo terrible para alguien que no puede defenderse de todas las adversidades que va a encontrar. Finalmente, el gato vuelve a la casa de quien lo ha maltratado, porque al menos es un lugar en apariencia menos cruel que el exterior.


El mensaje central pareciera ser que a pesar de la libertad que tenemos para tomar decisiones y cambiar, muchas veces permanecemos en condiciones, lugares o con personas que nos lastiman, porque creemos que es el lugar más seguro donde, al menos, encontramos un poco de afecto en ocasiones.



Esta historia podría retratar la relación entre cualquier persona vulnerable económica o emocionalmente y alguien que tiene una posición de control y poder sobre ella. El gato puede representar a ese niño que confía en alguien que abusa de él a esa mujer violentada por su pareja.


El gatito es todas las personas con carencias emocionales o físicas que primeramente reciben un poquito de cuidado, de afecto, y que, a causa de esas mismas inseguridades, terminan presas de la dependencia y esperando estos gestos de amor, mientras reciben maltratos.


Todos hemos tenido una experiencia así, quizá no de manera literal, pero seguro que hemos sentido que alguien nos miente, o alguien se aprovecha de nuestras inseguridades y nos quedamos por temor a que no haya algo mejor, por el miedo que dan los cambios, o sentirnos completamente vulnerables y por lo difícil que es salir de una dinámica de esta naturaleza.


La pregunta queda en el aire: ¿Vale la pena trocar la comodidad por la libertad?



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