Tod@s caen: ¿Sabes cómo se llega al Carnegie Hall?

POR: MAURICIO HERNÁNDEZ

19-09-2019 13:55:28

Todos Caen Critica


Con cierta cortesía y siendo bastante honestos, probablemente no haya dúo más identificable en el actual cine mexicano que Omar Chaparro y Martha Higareda. Higareda dijo en conferencia de prensa que, platicando con su compañero, alguna vez dijeron que uno de sus sueños sería “ser como Joaquín Pardavé y Sara García o alguna de esas parejas de la época de oro”.

Siendo ésta una declaración que luce sincera, aún con lo osada que puede sonar por la imposibilidad de que eso suceda hoy en día por diferentes cuestiones que van más allá de su desempeño actoral, la realidad es que sí, éste es el momento de ambos.


Chaparro está formando una trayectoria con cierto peso en Hollywood y es alguien más que identificable en el showbiz nacional; Higareda, por su parte, ha sido parte del star power-con asegunes- nacional por mucho tiempo ya, recordada mayormente por aquellas múltiples escenas que involucran desnudos, algo que ella ha aceptado entre risas.


Ambos se han combinado para estar en dos peldaños del top de películas más taquilleras en la historia de México: No manches Frida (2016) e, irónicamente, No manches Frida 2 (2019), estando en tercer y quinto lugar respectivamente. Es difícil definir cuál es más infame cinematográficamente hablando, pero es indiscutible el éxito de ambas. Asimismo, es claro que están en la cima no por su trama, sino porque ellos aparecen. Son fórmula, pese a quien le pese, y garantía… de dinero.


Aunque usted no lo crea (o si no lo sabía, no lo culpo), la protagonista de Amarte duele, tiene cuatro créditos de escritura. Tod@s caen, el más reciente trabajo de guion de Higareda y primer intento del cine mexicano “industrial” de acceder al lenguaje inclusivo -esperemos que también sea la última-, cuenta la historia de dos casanovas que, por cuestiones de la fortuna y la ambición, se encuentran.


Omar Chaparro Todos Caen


Adán, un todas mías capaz de conquistar a la chica que quiera cual Hitch (de la terrible Hitch: especialista en seducción con Will Smith) mexicano; y Mía, una experdedora que ha adoptado una posición de “mejor hacer antes de que te hagan” con los hombres, con el objetivo de evitarse las penas del amor. Ella trabaja como directora de cámaras en una televisora y está convencida de que un programa que enseñe a las mujeres a empoderarse contra las “tácticas” de conquista masculina, sería exitoso. Por obra de la fortuna, una productora escucha su idea, así que le encomienda ligarse al famoso Adán y hacer que cambie su estado  a “en una relación” -sí, en Facebook-. Si lo logra, le producen el show. Para este punto, usted ya debe imaginar cómo termina todo.


A pesar de la historia común del género que involucra a dos figuras reticentes a enamorarse que se terminan enamorando, hay ciertos matices narrativos interesantes que apartan a esta cinta de las otras -o, al menos, lo intenta-. El más claro es el rompimiento de la cuarta pared, haciendo que los dos estelaristas hablen con el público como si les estuvieran dando consejos de ligue y también es utilizado para hacer remates cómicos, lo que funciona en numerosas ocasiones. El resto del humor, estructurado en chistes simples, doble sentido y chascarrillos situacionales, a pesar de ser gracioso en muchas oportunidades, no se aparta de los lugares idiosincráticos comunes como el machismo, esto aún cuando la película sí menciona explícitamente la palabra “feminista” para referirse a la idea del programa de Mía.


Estas encrucijadas conceptuales en las que se mete la trama por querer dar un giro a las generalidades de su categoría son su mayor problema, pues cae en notorias contradicciones que pudieron haber eludido. Es decir, ¿qué tan feminista es un filme que contiene una idea de mujeres siendo las dominadoras de la relación, pero que finalmente regresa a la relación azucarada? ¿Realmente era la intención el hacer una película feminista o eso fue sólo un mecanismo narrativo?


Martha Higareda Todos Caen


El relato casi grita lo segundo, pues su desarrollo no muestra intenciones discursivas de otra cosa más que de generar una comedia romántica, así que utilizar ese término parece más producto de la inocencia que del atrevimiento.


Martha Higareda dijo que su propósito, junto con la del director Ariel Winograd, era darle un “giro” a la fórmula de la comedia romántica. Su producción, ciertamente, establece con suficiencia la ilusión argumental necesaria para armar algo ameno y decente, la farsa requerida en este tipo de cosas, pero no podría decir que alcanzó el supuesto objetivo. Ahora bien, ¿cómo se llega al Carnegie Hall? Practicando.




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