Detective Pikachu: la simplicidad como sofisticación

POR: MAURICIO HERNÁNDEZ

08-05-2019 10:46:22

PIKACHU


Siendo la apuesta de la industria hollywoodense apelar a la nostalgia, la ola de creaciones live action se encuentra en sus primeros pasos. Parece regla que, tratándose de adaptaciones de videojuegos, tienen que ser deplorables. Por ahí se salvan las primeras dos de Resident Evil. La adaptación de Detective Pikachu plantó muchas dudas, especialmente en cuanto a efectos especiales y a la adecuación de la trama del juego, los principales problemas de este tipo de cintas. La pregunta siempre será: ¿qué tan necesario era hacer esto?

Conservando la esencia del material de origen -la capacidad de Tim (aquí interpretado por Justice Smith), el protagonista, de entenderse con un Pikachu inteligente (Ryan Reynolds) con habilidades de investigación-, la historia se va hacia la odisea que los dos emprenden para encontrar la verdad tras la desaparición del padre de Tim, misterio que se liga con la presencia de un extraño compuesto que afecta el comportamiento de los pokemon.


En una producción de este tipo, parecía obvio que la trama no sería la principal preocupación de las cabezas a cargo, pues la gran excusa para mercadear este largometraje es la irremediable nostalgia (y ternura) que provocaría ver a los pokemon con una apariencia cercana a lo que sería si existieran. Y así fue.


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El hilo conductor de los compañeros unidos por una extraña casualidad que se embarcan en una aventura donde deberán superar sus debilidades y su aparente incapacidad de ser héroes, es sumamente esquemático. Sin embargo, luce como una decisión apropiada; usualmente, estas adaptaciones caen en el absurdo o en grandes agujeros argumentales al pretender la grandilocuencia o al querer imitar con ahínco al juego de video para no enojar a los fans infernales. Detective Pikachu luce consciente de su relato básico y prefiere apoyarse en el diseño físico de sus “monitos”, el cual queda en un preciso punto medio entre lo verosímil y la animación con aspecto de videojuego, y en la gracia de sus figuras principales.


La construcción de los personajes, aunada a su interpretación, los hace asemejar más de lo que realmente son. Justice Smith hace una labor decente encarnando al timorato protagonista que trata de cumplir su sueño de ser Maestro Pokemon y descubre más de sí mismo en el viaje -le digo, todo es muy elemental-. Ryan Reynolds, quien ya tiene méritos para ser considerado maestro del voice acting, es la médula del elenco con su papel del Pikachu amnésico que encanta a la audiencia con su astucia, quien termina siendo el incondicional de Tim. El antagonista, Howard Clifford (Bill Nighy), quien representa al corporativismo malévolo, es el más interesante de todos. En una lectura extendida, es un villano que carga y aplica las ideas del poshumanismo, pues cree que el homo sapiens ya queda obsoleto y los pokemon son el siguiente gran paso en la evolución. Este matiz psicológico del rival habría sido muy interesante si el filme hubiera tenido la intención de ampliarlo.


Salvo el final que sí es bastante raro y, por las reacciones que noté, incómodo por ser una decisión de star system que no embonaba con el resto, Detective Pikachu rompe con la tendencia de que todas las adaptaciones de videojuegos debían ser terribles. De hecho, con su simpleza logra entregar momentos conmovedores y algunos bastante ingeniosos. Esperemos que no, pero trae toda la pinta de que inicia con una franquicia o, como ahora quieren decirle, “universo cinematográfico”.



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