Como novio de pueblo: la amargura del revoltijo

POR: MAURICIO HERNÁNDEZ

08-03-2019 01:10:22

Como novio de pueblo


Recuerdo leer en Twitter que venía una nueva ola de comedias románticas -el género predilecto de la producción mexicana “comercial” (por decirlo de alguna manera) de esta década-: adaptaciones de éxitos estadounidenses. Si no les gustaban los argumentos nacionales -pinchurrientos o no, revolcados o no-, pues ahí les va la ola de remakes gringos.

En ese mismo grupo de comentarios, apareció que Como novio de pueblo era una ‘aclimatación’ de la reconocida Mi novia Polly (2004) con Ben Stiller, Jennifer Aniston y una de las mejores actuaciones del genial Philip Seymour Hoffman. Digo, eso no pasa de una suposición equivocada, pero si hubiera sido cierto, habría resultado mejor que esto.


La base de Como novio de pueblo es la cinta española Primos (2011) de Daniel Sánchez Arévalo. Diego (José María de Tavira) es plantado en el altar y comienza dando un patético discurso sobre su desgracia y pidiendo a los invitados que dejen la iglesia. Sus primos, Julián (Martín Altomaro) y Miguel (Ricardo Polanco), se quedan y comienzan la misión de ayudarlo a sanar. Pasan los días y tras un desastroso episodio -dentro del argumento y como pedazo de la cinta- en un evento familiar, a Julián se le ocurre que los tres se vayan a Vallarta a pasarla “como cuando eran chavos” para que su primo se relaje. Ya ahí, Diego se encuentra con Martina (Regina Blandón), un romance de la niñez que podría ser el verdadero amor y demás. Para este punto, usted seguramente ya descifró lo que sucede.


A pesar de que esto no es una adaptación de la mencionada cinta de John Hamburg, sí hay algunas pequeñas muestras que refieren a ese trabajo; breves, pero las hay, así como a otros éxitos como ¿Qué pasó ayer? (2009), como una escena en carretera que es una calca a todas luces.


Las complejidades para esta adaptación estaban en encontrar a un elenco que tuviera cierta química y trasladar la gracia del guion original al contexto mexicano, mismas que no fueron superadas.


Como novio de pueblo critica


Este trío es por demás lamentable en su desempeño en pantalla. Fuera de las dimensiones que tenían sus personajes, construidos de inicio entre lo patético y lo agradable como chavorrucos simpáticos, acá solamente lucen perdidos y sin guía para ejecutar, con un libreto fome y extraño, repleto de chistes perturbadores (entre ellos, varios sobre el incesto que son inquietantes) y con nulo flujo para crear situaciones cómicas.


En realidad, esto se desarrolla como un conflicto casi inexistente, con un protagonista ilógico en su actuar y no por sus trasfondos psicológicos, sino simplemente para continuar con la trama que debe cumplir con una duración mínima. Además, las subtramas de cada personaje son intrascendentes, siendo la más boba la del “Bachi”, un lanchero alcohólico que ha caído en el vicio por los problemas con su hija, una bailarina exótica que se niega a tenerle en su vida. Sin razón aparente más que el altruismo impreso en el argumento y la necesidad de involucrar a un personaje en ese miniasunto, Julián decide ayudarlos. Esto toma, sin exagerar, no más de 10 minutos de pantalla y la disposición y confianza del espectador para hacerle creer que eso fue relevante en la película.


Con ninguna otra virtud más que mostrar Vallarta con sutileza para justificar los fondos otorgados por el Estado, Como novio de pueblo es otra más. Digo, sin caer en esos ridículos catastrofismos de “esta película representa todo lo que está mal con el cine mexicano”, porque no es así. Simplemente es otra de esas, usted ya sabe de cuáles, nada más que mucho más incómoda en su humor.



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