Guillermo del Toro para todos

POR: YESENIA TORRES EN GUADALAJARA

11-03-2018 08:56:30


El día que Guillermo del Toro regresó a su ciudad natal, traía dos premios Oscars en la mano. La primera de todas clases magistrales que se ofreció a dar dentro del marco del Festival Internacional de Cine en Guadalajara se llevó a cabo en la sala Plácido Domingo del Conjunto de Artes Escénicas que cuenta con una capacidad para 1800 personas, la cual se llenó por completo.


El cineasta arribó con un letrero intangible e incuestionable de poder hacer lo que quisiera como siempre lo ha hecho: si él quería podía dar cuatro conferencias en lugar de una, autógrafos interminables como lo hizo en el pasado Festival Internacional de Cine de Morelia, llegar tarde o no llegar.  Al final, lo hizo como tenía que ser, sin esperar más y sin esperar menos. Porque mejor que sobre a que falte.


“Estoy aquí por los jóvenes”, afirmó, y no era ningún secreto a voces. Lo sabían y por ello desde muy temprana hora hicieron largas filas para esperar la conferencia del hombre que más que un gran cineasta y más que todos reconocimientos internacionales, es un gran ser humano que ha demostrado creer en las nuevas generaciones.



El cansancio de Del Toro era evidente y sin embargo llegó sonriente. El crítico de cine Leonardo García Tsao inició la conferencia sobre las lecturas posibles de La Forma del Agua y el cómo podía narrarse y entenderse aún y cuando el diálogo y la voces fueran ausentes. El director no titubeó para asegurar que “todo lo que debería de discutirse de una película no se discute”, que hay hilos sueltos que siempre quedan. Que una película puede leerse a partir de tres guiones: el literario, el de la cámara y el de la edición. Desde la belleza, desde el misterio y desde lo que no se ve. Que el cine al igual que la música, es un arte que busca emociones, la alquimia de los elementos que transforman.


Hay una delgada de línea que divide al discurso sobre sus películas y sus consejos. Para Guillermo del Toro el cine no puede tener comparación con la importancia de amar la vida misma, entendiendo al sentimiento de todas las formas posibles, menos de la asfixiante forma romántica, “porque lo que se ama se queda, y lo que uno deja es lo único que le da valor al camino”.


Del Toro sería Guillermo para todos si pudiera. El director de El Laberinto del Fauno es hambriento de las dudas ajenas para responderlas con sabiduría en el que lejos de incitar a crear a mejores personas, busca motivar a todos aceptarse con sus virtudes y defectos, que para él son exactamente lo mismo.












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