Miguel y Estrella: La fantasía y la realidad en Coco y Vuelven

POR: ALMA AGUILAR FUNES

16-11-2017 17:20:55

Coco Vuelven son dos películas sorprendentes han llegado a cines en temporada de Día de Muertos, cada una con un enfoque distinto, pero con el objetivo de retratar una misma realidad: los niños y la muerte en México.


La primera es una realización respaldada por un impresionante equipo de producción a cargo de Walt Disney: Coco (Lee Unkrich, 2017), la cual narra la historia de Miguel, un pequeño que ama la música a pesar del veto que existe en su familia; sin embargo, alcanzar su sueño de ser cantautor lo transportará a un mundo desconocido.


La otra, una producción más pequeña, coproducción nacional de Filmadora Nacional y Peligrosa: Vuelven (Issa López, 2016), sitúa la realidad de Estrella en un estado al norte del país. Debido a la violencia desatada por el narcotráfico, la pequeña se verá en la necesidad de huir de su casa, pidiendo refugio a una pandilla de niños que, como ella, son también huérfanos víctimas de “Los Huascas”.


La historia de ambas está protagonizada por pequeños que, sin buscarlo, cruzan su mundo con el de los muertos. El aparato Disney-Pixar arroja todo su poder mediático y económico, el cual se percibe en el número de salas cinematográficas que exhiben la película en México.


Se anuncia “agotado” días u horas antes de cada función. La Cineteca Nacional le abrió incluso un espacio en su Galería a una nostálgica y breve exposición llamada “México y Walt Disney. Un encuentro mágico”, además de un enorme alebrije colocado en medio de su explanada y la programación del filme para entretenimiento de la familia.


Un trabajo de animación, pulcro, bien cuidado, tendiente al melodrama con personajes que podrían recordarnos la Época de Oro del cine nacional. Es una película llena de vida, de color, de tradiciones y es notable el trabajo de investigación previo a su realización. Resultado de cinco años de trabajo, en el que se incluye sondeo de locaciones, comportamientos y tradiciones de la familia mexicana.


Coco recrea una tradición inmemorial de los mexicanos, la ofrenda en el Día de Muertos, dedicada a recordar a la gente que ya no nos acompaña físicamente; un día de fiesta para mantener un lazo que trasciende la vida como la conocemos. La cinta, dirigida por el estadounidense Lee Unkrich y  Adrian Molina rebasó las expectativas y reunió en sus primeros días 700 millones de pesos en taquilla, lo que se traduce en 15.5 millones de boletos vendidos tan sólo en la Ciudad de México.


La cinta resulta conmovedora y no por ello pierde su toque Disney, pero se aleja afortunadamente de las crisis dramáticas y cursis que caracterizan a las princesas del castillo. Su fórmula es conocida por cualquiera que tenga el mínimo de conocimientos cinéfilos, pero no demerita el resultado, que al final nos une entrañablemente a un ritual que forma parte de nuestra cultura y que para los extranjeros resulta extraordinario.


 Contrario a lo anterior, la realidad nos aplasta en el sexto largometraje de la mexicana Issa López, quien recupera las aterradoras cifras de los niños desaparecidos a raíz de la “guerra contra el narcotráfico” emprendida en 2006 por el entonces presidente Felipe Calderón. De acuerdo con el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas de la Secretaría de Gobernación de 2005 a abril de 2017: “el número de niños desaparecidos –menores de 17 años– es de 5,865”, de acuerdo al sitio de Arena Pública, mientras que la ONU reportaba a más de seis mil niños desaparecidos desde 2006. 


Los números son alarmantes y más si se considera que muchos de ellos quedan desamparados y sin familia. El gran acierto de Issa López, también guionista de 600 millas (Gabriel Ripstein, 2015), es recrear esa cruel realidad con un sentido de fantasía que apela a la sensibilidad del espectador sin olvidar la crítica política y social.


Su lenguaje claro, sin ocultar el México de barrio, nos acerca como espectadores y nos sumerge en momentos de drama y comedia. El casting liderado por los niños: Estrella (Paola Lara), El Shine (Juan Ramón López), Morrito (Nery Arredondo), Pop (Rodrigo Cortés) y Tucsi (Hanssel Casillas), es otro de los grandes logros de la cinta. Su interpretación llena la historia de ternura, crueldad y magia.


La cinta, que contó con un presupuesto de 26 millones 40 mil pesos, como cita el portal de estadísticas IMDB, realizada con actores y un excelente trabajo de efectos especiales que recuerda a El laberinto del Fauno (Guillermo del Toro, 2006), destaca también por el trabajo del cinefotógrafo Juan José Saravia y la música, selección de sonidos nacionales y urbanos que contextualizan bien las situaciones de los pequeños.


A pesar de que ambas cintas merecen la compra de su boleto y una sala llena en cada exhibición, los números nunca serán competencia entre Vuelven y Coco. La cinta de producción nacional no es para toda la familia, lo que limita su mercado. Aunado a ello es menester considerar que el aparato de Videocine, distribuidora de la cinta de Issa López, no es equiparable al monstruo que representa Disney-Pixar. Vuelven apenas ocupa dos horarios en una sala de pocos Cinépolis en la Ciudad de México y para desgracia del cine nacional su público sigue evitando ver lo realizado en el país, hasta que tal vez en el extranjero alguien le eche el ojo al evidente talento mexicano y lo vuelva un producto de importación.



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