Marcha de las bestias: noche de monstruos, noche de Feratum

POR: ISRAEL YERENA EN TLALPUJAHUA

15-10-2017 16:20:35


Faltaban pocos minutos para las ocho de la noche de un gélido viernes 13 en Tlalpujahua. La temperatura parecía descender cada vez más conforme la multitud de monstruos, espectros y ánimas crecía frente a la plaza principal del pueblo.


Cuando la horda de engendros fue lo suficientemente grande como para confundir una simple reunión monstruosa en un apocalipsis zombi, un joven H.P. Lovecraft apareció de entre la multitud con el temible Necronomicón en sus manos; así, comenzó a leer una serie de innombrables y antiguos conjuros, con los cuales, incitó a los inanimados cuerpos a cobrar vida y tomar las antorchas que iluminarían su recorrido en esa lúgubre noche.


Asimismo, en el mismo instante que el joven Lovecraft profirió la primer frase de aquellos espectrales conjuros, la música de infernales gaitas comenzó a sonar, subiendo de volumen poco a poco hasta que se convirtió en la melodía perfecta para dar inicio con lo que vendría a continuación: una espectral caminata hacia la Torre del Carmen.


La noche de Walpurgis había comenzado por sexto año consecutivo en Tlalpujahua; los monstruos salieron a las calles. El mismo diablo temió ante lo que sus ojos veían.



Por cada paso que la horda daba, Lovecraft profería un nuevo y arcano enunciado del viejo Necronomicón, con lo cual, cada vez más espectros se unían a la macabra procesión.


Las calles ya no eran lugar para ser humano alguno, no había vida en los estrechos callejones de Michoacán, sólo muertos vivientes y, tal vez, algo más prohibido aún, más peligroso y antiguo. Si hubo un momento en el cual el gran Cthulhu estuvo a punto de despertar de nuevo, ese fue la noche de este viernes 13.


El frio arreciaba, calaba hasta los huesos, pero el fuego de las antorchas, cuales fuegos fatuos de ánimas danzando en la oscuridad, brindó el calor suficiente para que quizá, y sólo quizá, aquellos engendros recordaran el calor que se sentía al estar vivos.


Eran cerca de las nueve de la noche cuando la marcha llegó al lugar pactado; sin embargo, había algo distinto esta vez, pues la Torre del Carmen se convirtió en un monumento de sangre que iluminó el umbral de aquellos monstruos.


Una vez ahí reunidos, Lovecraft dio inició con el ritual final; tras proferir algunas cuantas palabras más, de la torre emergió una horrible gárgola, la cual, fue recibida con aplausos y gritos de toda la infernal marcha, conformada por una multitud de gente que por sexto año, demostró que el terror es uno de los elementos más hermosos que hay para disfrutar la vida, algo que el director de Feratum, Miguel Ángel Marín, les agradeció profundamente a todos y cada uno de ellos.




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