Daniel Castro Zimbrón y la danza de luz y oscuridad

POR: ULISES CASTAÑEDA

13-10-2017 11:48:37

“A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad”, imagino al joven cineasta mexicano Daniel Castro Zimbrón repitiéndose al espejo este aforismo del poeta Antonio Porchia en uno de los momentos cruciales de la escritura del guion de su más reciente filme Las tinieblas. Lo pienso, porque el sentido poético de su película tiene que ver con ese juego de poder de la luminosidad dentro de las personas. 


Él ha decidido citar a otro poeta más romántico como Lord Byron, y un fragmento del poema Darkness engalana la apertura de su nuevo filme, muy acorde a su tesitura. Como el poema, Las tinieblas es un filme sobre los vaivenes de la esperanza y la supervivencia,  también habla sobre los demonios internos y los instintos salvajes.


Argel (Aliocha Sotnikoff) termina su conteo para empezar a buscar. Descubre a Gustavo (Brontis Jodorowsky), su padre en un armario viejo, luego camina sigilosamente y encuentra a su hermano Marcos (Fernando Álvarez Rebeil) y casi al momento a Luciana (Camila Robertson Glennie). No es ni de día ni de noche pero el juego ha terminado y Gustavo ha dado la orden de acomodarse en su dormitorio.


Ellos bajan al sótano, les cierra la puerta con candado, les dice que es el lugar más seguro del mundo pues incluso salir de la cabaña en que viven es peligroso porque están en medio de un bosque cubierto de neblina y exponerse a ella es un riesgo que no se atreve a tomar. Más aún, el padre de la casa les ha dicho que afuera de su hogar deambula una bestia y ahí… en la penumbra de un lugar sin tiempo, en un lugar en el que apenas se distingue vida alrededor, en esa familia, es que Daniel Castro Zimbrón ha puesto a danzar la luz y oscuridad entre actos de miedo y amor.



“La película es una historia sobre encierro, sobre proteger a los hijos y crearles un mundo más aterrador adentro que afuera, con la buena intención de ponernos a salvo del peligro (…) Más que aterrar se trata de disfrutar ver una película, por eso hay tanto cuidado en cada imagen y sonido, porque yo respeto mucho el oficio cinematográfico como arte, es poner ciertas composiciones que conecten con la historia sino generar toda una experiencia”, explicó el cineasta, en entrevista con Encuadres.


Y es que a partir de la historia de esa premisa sobre lo que puede aterrar a una persona que el director nos plantea un drama paternalista psicológico en medio de un escenario en el que se sugiere que la tierra se ha detenido y una tóxica y densa neblina ha cubierto el bosque manteniendo un eterno ocaso.


En este siniestro escenario es que Argel y sus dos hermanos han pasado su vida encerrados hasta que su hermano mayor desaparece misteriosamente, y Argel comienza la búsqueda que lo llevará a descubrir los secretos y misterios más oscuros que tanto su padre como este bosque esconden.


“La esencia de la historia tiene que ver con el perdón, el arrepentimiento y el amor entre un padre y sus hijos. Esa es la llama que está llevada a una historia que te perturba, que te da miedo, pero al final lo que queda es una historia en la que, aunque hay oscuridad, también hay algo esperanzador”, enfatizó el director.


Y es que a través de los simbolismos que el director le ha puesto en torno a los límites que puede llegar a tener alguien para tener el control sobre las personas que ama, es tan solo un reflejo de lo que percibe en otros sentidos, “a las personas les cuesta pedir perdón. Pasa en todos niveles. Lo vemos en los gobiernos que no se atreven a pedir disculpas y prefieren el cinismo. Hay un orgullo absurdo que lleva a las guerras y entonces ocurren venganzas tras venganzas en un cuento de nunca acabar”, explicó.


Para el cineasta el asunto del perdón y la reconciliación de la que se impregna su película es un tema que le ha fascinado desde hace mucho tiempo y ha tomado inspiración de figuras que a lo largo de la historia han sido ejemplos potenciales de la compasión que él mismo ha empleado para probar los mismos límites del sentimiento:


“Me gusta hacer referencias bíblicas. No es que yo sea cristiano o católico, pero encuentro cosas en la Biblia que son muy interesantes y bonitas como en todas las religiones. Tienen que ver con el perdón. La figura de Cristo se me hace impresionante porque él le pide a su padre que perdone a esos seres que lo están matando porque no saben lo que hacen, se me hace una figura brutal”, comentó.



Uno de los principales pilares del filme es la actuación de Brontis Jodorowsky, en el papel de un padre sobreprotector aunque el cineasta explica que no fue una tarea nada fácil al momento del rodaje: “Me costó trabajar con Brontis porque en la filmación él tenía una idea del personaje que era más cercano al teatro o a una representación de un personaje malo y yo lo que quería era sacar realmente algo de él. Quería que hubiera personajes muy reales”, dijo.


Curiosamente, a través de Brontis Jodorowsky es que podemos indagar en las obsesiones del mismo Daniel Castro Zimbrón, ya que el actor es quien ha dado vida a los dos personajes principales de sus filmes. Las tinieblas pertenece a la segunda parte de una trilogía que el director se ha planteado desde el principio de su carrera conectada “más por el sentido emocional que por el narrativo”, como ha explicado. “Es una trilogía que habla de la luz en nosotros como seres humanos”, lo confesó cuando participó en L’Atelier de Cannes 2014, cuando Las tinieblas era un filme en desarrollo.


La primera entrega fue Táu (2012). La palabra que da título al filme significa “Sol” en huichol, y nos habla de un botánico que lleva a cuestas el dolor de la pérdida de su mujer, que se interna en el desierto de Wirikuta para realizar estudios científicos pero pronto, el desierto se apodera de él y lo somete a un viaje irrevocable y eterno hacia sí mismo para sanarlo. Aquel personaje interpretado por Brontis, como en Las tinieblas, tiene por nombre Gustavo, y si bien en aquella película la danza de la metáfora sobre lo luminoso se aborda con una belleza espiritual, en Las tinieblas, Daniel Castro le ha dado más poder al lado oscuro del hombre para exhibir también su mayor acto de amor.


“El personaje del padre estaba claro en el guion (en el que también participó David Pablos, director de Las elegidas). Me gustan los personajes complejos, que no son buenos ni malos, y que de pronto los puedes ver en un matiz cruel pero luego muestran algo amoroso, creo que eso somos por dentro todos. Tenemos esa parte luminosa y depende lo que vivamos lo vamos enmascarando y enterrando, pero siempre está esa luz dentro de nosotros”, comentó.


Más aún, la historia de Las tinieblas tiene una semilla que comenzó a germinar en un pasado más lejano, cuando aún era estudiante del Centro de Capacitación Cinematográfica: “Surge de otro proyecto que hice en la escuela y se llama Bestiario, es un cortometraje con el que pasó algo raro. Era un proyecto al que le tenía mucha fe y creo que no tuvo la respuesta que esperaba. Las tinieblas es un homenaje a ese corto, tiene muchos elementos parecidos”, comentó el cineasta.


“Aquel corto iba sobre el encierro. Es sobre la mamá que tiene encerrados a sus dos hijos en su casa de la ciudad y en el sótano también está encerrado el papá, que es como una bestia, al que le dan de comer carne cruda y lo tratan como un animal. Es una historia más oscura que Las tinieblas”, agregó.



El director no esconde sus influencias y como bestia salvaje come de El castillo de la pureza de Arturo Ripstein, bebe del cine fantástico de Guillermo del Toro, confesos por el mismo director y en una lectura distinta también podemos decir que se nutre de los escenarios grises del cine de Tarkovsky y de los juegos psicológicos de Night Shyamalan, aunque no llega a querer ser ninguno de ellos.


El cineasta agregó que “también hay otras referencias como La carretera de Cormac McCarthy, que me impactó mucho cuando lo leí y del que me pareció muy bonito plantear un mundo postapocalíptico, para poder hablar ahí de la relación de un padre con sus hijos en un mundo que se acabó (…) A su vez está inspirada en El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein, y por otro lado también hay algo del cine de Guillermo del Toro”, dijo.


Además, el director explicó que Las tinieblas es uno de los ejemplos de cómo el cine mexicano puede llegar a competir ante el monopolio de Hollywood: “Tenemos una desventaja abismal, desde las películas que se distribuyen y exhiben que no te dan mucho espacio. Por ahora es una cuestión de creer en uno mismo, así salió Las tinieblas. Si logramos meter a la gente al cine, se podrán hacer más películas”, dijo.


“El cine hollywoodense ya sabe cómo vender y tiene los medios para que se vean brutales, pero hay otras maneras de abordar sus temas, y pueden ser más poderosos porque los dejamos a la imaginación del público y eso es una fuerza más potente”, agregó el cineasta quien ya comenzó a pensar en la tercera parte de la trilogía que divide su título entre Sombra y Mar de sangre.


Finalmente, el realizador celebró el momento que vive el cine nacional en cuestión creativa y ve con optimismo el futuro de la producción nacional, “ahora hay distintos cineastas que están incursionando en estas nuevas maneras de acercarnos a la realidad. Yo no me alejo a los temas que vivimos aunque hable de una película apocalíptica, los cuento con metáforas y con elementos de géneros como el terror. Eso es positivo para el cine mexicano, el abrir la posibilidad de propuestas”, concluyó.


Ganadora del Premio del Público en el Festival de Morelia de 2016, la película se estrena este viernes en salas mexicanas, con 50 copias, luego de presentarse durante un año en diversos festivales como Sitges, en España; Singapur, Varsovia, Chicago, Miami y La Habana. 



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