Estudios Churubusco: El inicio de La fábrica de los sueños (I)  

POR: ULISES CASTAÑEDA

02-10-2017 21:46:04

 



Solo en los Estudios Churubusco podría verse a las estrellas del cine más importantes de la Época de Oro reunidas en un mismo sitio. Mientras María Félix salía de la sala de maquillaje a alguno de los foros, Mario Moreno Cantinflas filmaba unas escenas de A volar, joven; al tiempo que John Ford daba instrucciones a Dolores del Río para su cinta The fugitive y Emilio El Indio Fernández, como regularmente lo hacía, se iba a la cafetería donde solía contar sus anécdotas revolucionarias mostrando con orgullo su pistola.


Esta era la Fábrica de los sueños que comenzó su historia en los años 40 y que ha sido fundamental en la historia del cine mexicano. Hoy en día, los estudios se encuentran fuera de servicio a causa de las afectaciones por el sismo de 7.1 del martes 19 de septiembre. Por tal motivo Encuadres, hace un repaso de su historia.


La semilla de los Estudios Churubusco se remonta a 1943, año en que, motivados porque la producción de películas había llegado a 70 filmes y que para el año siguiente se auguraba llegar a la cifra de 90, Harry Wright, presidente del Country Club y dueño de los terrenos de la colonia del mismo nombre utilizó 18 hectáreas de la zona para comenzar las obras de unos estudios al nivel de Hollywood, a través de su compañía Productores Asociados de América.


Al proyecto se sumó Productores Asociados Unidos, S.A. (PAMSA) de Emilio Azcárraga, quien lo concluye luego de compró los terrenos a la compañía de Wright, apoyado también por la productora norteamericana RKO y Radio Pictures. En los Estudios Churubusco, cuyo nombre proviene de una derivación de Huitzilopochtli, principal deidad de los mexicas, se crearon 12 foros, además de una selva con río, un pueblo del viejo oeste y un zoológico, donde vivían los animales que actuaban en las películas que, durante la década de 1970 podían ser visitados por el público en general.



Los primeros directores fueron Charles Wooran, de la RKO y más tarde Richard K Tomkins, quien estuvo a cargo hasta 1953 y vivió la época de oro de la producción, realizando hasta 90 películas por año y dando luz verde al proyecto de la cinta Si me han de matar mañana, protagonizada por un joven hasta entonces desconocido llamado Pedro Infante.


Aunque algunos aseguran que la primera película que se rodó fue La perla (1945), emblemática cinta de Emilio El Indio Fernández, y muchos otros señalan que en realidad la primera película rodada íntegramente en Los Estudios Churubusco fue La morena de mi copla (1945), dirigida por Fernando Rivero, durante su construcción el director estadounidense James A. FitzPatrick comenzó el rodaje de La canción de México (Song of Mexico), el 15 de diciembre de 1944, cuando la obra aún no estaba concluida.


De acuerdo a las escrituras del terreno, este tendría como principales funciones: “La producción de películas cinematográficas; el establecimiento de laboratorios adecuados para el revelado, preparación y elaboración completa de películas, especialmente a colores; la adquisición, explotación y uso de todo equipo adecuado para el registro y producción de sonido en relación con lo anterior; la explotación de películas nacionales en el país o en el extranjero; la ejecución de todo género de actos tendientes a desarrollar la industria cinematográfica...”, según cita la Escritura Pública No. 21943, que data del 23 de febrero de 1944.


En sus primeros años se abrieron las puertas para los grandes directores de la época: Alejandro Galindo, Gilberto Martínez Solares, Roberto Gavaldón, René Cardona, Julio Bracho, Emilio El Indio Fernández, Miguel Zacarías, Juan Bustillo Oro e incluso los realizadores estadounidenses John Ford y Don Siegel, y el español, posteriormente nacionalizado mexicano Luis Buñuel. 



Apenas un año después de su creación los Estudios Churubusco cambiaron por un momento su función como Fábrica de sueños para ser tomada como trinchera, cuando trabajadores de Estudios Cinematográficos (UTEC) contando con Jorge Negrete, Mario Moreno Cantinflas y Jorge Mondragón como secretarios generales, quienes la reestructuraron e incorporaron al Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica de la República Mexicana (STPC), separándola del Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC) que, en aquella época, dependía de la CTM.


Fidel Velázquez, dirigente vitalicio de la CTM, hizo un gran coraje y se opuso tanto a la ANDA como al STPC, generando un pleito que se extendió por años. En 1945, Gabriel Figueroa denunciaba el “gangsterismo sindical” perpetrado por Velázquez y sus secuaces. En respuesta a estas acusaciones, el secretario general del STIC, Salvador Carrillo, le propinó un célebre puñetazo al fotógrafo, agresión que detonó una manifestación en las calles encabezada por Mario Moreno.


La situación llegó a convertirse en amenazas e intimidaciones serias que obligaron a los miembros de la Asociación a evaluar medidas más drásticas. En 1946, tomaron como trinchera la puerta de los Estudios Churubusco. Empuñando pistolas y rifles, se acuartelaron ahí para defender su derecho a obtener mayores privilegios laborales.



Fue hasta que el presidente Ávila Camacho, a través de un dictamen, delimitó el alcance de ambos sindicatos. En la repartición de bienes, el STIC se quedó a cargo de la distribución y elaboración de noticiarios y el STPC con la producción de largometrajes.


La escena fue reproducida en la película Cantinflas (2014), dirigida por Sebastián del Amo, en ella aparece en escena El Indio Fernández (Joaquín Cosío), montado en su caballo blanco y preguntando: “¿qué paso jijos del maíz?, ¿iban a tirar balazos sin mí?”.


En esos años, los Estudios Churubusco fueron el escenario de otras importantes películas como Pervertida (1945), de José Díaz Morales; de Estados Unidos llegó el cineasta Norman Foster para dirigir a Jorge Negrete y Rita Conde en El ahijado de la muerte (1946) y John Ford con El fugitivo (1946), en el que participó también Henry Fonda; Hay muertos que no hacen ruido (1946), con un joven Germán Valdés Tin TanLa mujer de todos (1946), de Julio Bracho y La otra (1946), de Roberto Gavaldón, por solo mencionar algunas. Más tarde llegaron La diosa arrodillada, del mismo Gavaldón; Mystery in Mexico, de Robert Wise; Allá en el rancho grande, de Fernando de Fuentes; Maclovia, de Emilio Fernández y Tarzan and the Mermaids, de Robert Florey, todas en 1947.


La mayoría de los cineastas y cinéfilos coinciden en que 1949 fue un año que se convirtió en el parteaguas en la historia de los Estudios Churubusco, no sólo porque la mayoría del personal creativo que ahí laboraba contribuyó a establecer la Ley Cinematográfica, también  porque la producción realizada en sus foros rompió récord en América Latina: más de 108 películas realizadas en 12 meses. Los estudios estuvieron a la altura de sus similares en Hollywood. Fue el año en que rodaron ahí la emblemática Aventurera, de Alberto Gout.


Iniciados los años 50, se fusionaron con los Laboratorios Cinematográficos Azteca, dando como resultado que cambiara la denominación de Productores Asociados Mexicanos, S.A. por la de Estudios Churubusco Azteca, S.A. En esa década se rodaron filmes como Sensualidad (1950), de Alberto Gout; A toda Máquina (1951), Dos tipos de cuidado (1952) y Pepe el Toro (1952), de Ismael Rodríguez; El bolero de Raquel (1956), de Miguel M. Delgado, así como Nazarín (1958), de Luis Buñuel.



Además el legendario Ray Harryhausen, especialista en animación stop motion, rodó La bestia de la montaña (1956), cinta de Serie B que trata de la pérdida de ganado en un rancho mexicano en un principio atribuida a ladrones de vacas pero que las leyendas locales se encargarán de desmentir: un dinosaurio hambriento sería el culpable. La dirección se encargaría a Edward Nassour y de la coproducción y codirección se haría cargo el realizador Ismael Rodríguez.


La rentabilidad de los estudios provocó que el Estado mexicano comprara en 1960 la totalidad de las acciones de los Churubusco, al tiempo que adquierió también los circuitos de exhibición fílmica de Operadora de Teatros y Cadena de Oro. La apuesta parecía segura cuando ese año se llegó a la cifra de 65 películas, sin embargo, las cosas ya no serían las mismas y para 1961, la producción cayó a 32 películas.


Ese fue el promedio de los siguientes años, mientras los rostros de la época de oro cambiaban por los de Viruta y Capulina, Mauricio Garcés, El Santo, Piporro y Enrique Guzmán. Aun así llegaron otros filmes destacados como El analfabeta (1960), de Miguel M. Delgado; El ángel exterminador (1962), de Luis Buñuel o Corazón salvaje (1968), de Tito Davison. También en los Churubusco se rodó The Young One(1960), la única película realizada por el legendario Luis Buñuel en inglés; y Soldier blue (1969), del estadounidense Ralph Nelson. La historia siguiente del cine mexicano fue difícil, pero los Estudios Churubusco no dejaron de ser uno de sus pilares.


 



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