El Santo, la leyenda enmascarada que siguió su destino

POR: NANCY MORA

23-09-2017 23:37:11


"Se puede decir que tengo dos personalidades una de enmascarado y otra de una vida tranquila, con mi familia, la que disfruto bastante, esa es mi vida", aseguraba Rodolfo Guzmán Huerta, El Santo, quien jamás imaginó que su personaje como luchador trascendiera del cuadrilátero al cómic y luego a la pantalla grande, no solo las cuatro décadas en las que se mantuvo activo, sino que permaneciera vigente incluso a 100 años de su nacimiento. “Nunca supe exactamente por qué el público me quiso tanto”, solía decir.


En la última entrevista que concedió a un medio de comunicación en enero de 1984, unos días antes de morir, Guzmán Huerta reconoció que aunque a la gente le gustaba verlo en películas y en televisión, para él su estilo no fue de los mejores. “Sin embargo, la afición me seguía. Por eso El Santo duró 40 años”.


Sin imaginarlo, Rodolfo Guzmán Huerta se convirtió en una leyenda, en el héroe mexicano, el luchador que nunca perdió su máscara en el ring. “Siempre fui muy profesional y traté de dar lo mejor de mí. De entregarme en cada lucha, había mucha gente que deseaba desplazarme. Todos los oponentes fueron muy duros. Y si conservé la máscara fue porque siempre defendí mi anonimato. Aunque en muchas ocasiones estuve a punto de perderla”.


MI DESTINO YA ESTABA ESCRITO Y LO SEGUÍ


Era peso welter y se movía con gran agilidad en el enlonado, subía a los postes de las esquinas para lanzar su famoso tope con vuelta de campana, que dejaba planchados a sus enemigos. “Mi vida ha sido el deporte. Desde los ocho años jugaba beisbol. A los 12 años practiqué futbol americano. Cuando cumplí 14 ya sabía jiu jitsu, y a los 16 debuté como luchador profesional… Lo hice por gusto”.


Ese gusto nació desde muy joven, como espectador de una función de lucha libre, “Sabía defenderme en lo que era un combate cuerpo a cuerpo, así que no me costó trabajo ingresar como luchador. Aún recuerdo que me pagaron siete pesos por mi presentación… Luché como técnico, con el nombre de Rudy Guzmán. Lo que más me agradó fue el recibimiento del público, que desde mi presentación hasta el retiro, siempre me ovacionó”.


“Después vino mi primera gira, por Monterrey. Me fui sin contrato ni nada. Apenas si saqué para comer. Pasé muchos sufrimientos. Los viajes eran cansadísimos. Nos hospedábamos en los peores hoteles, con malas comidas. Si aguanté fue porque la lucha me gustó desde el comienzo. No tenía necesidad de andar de un lado para otro. En ese tiempo trabajaba de obrero especializado en una fábrica de medias. Pero mi destino ya estaba escrito y lo seguí.”


RODOLFO GUZMÁN HUERTA: EL HOMBRE


Nació el 23 de septiembre de 1917 en Tulancingo, Hidalgo, fue el quinto hijo de Jesús Guzmán Campuzano y Josefina Guzmán Huerta Márquez, tuvo seis hermanos. Cuando tenía tres años su familia decidió buscar nuevos horizontes y emigraron a la Ciudad de México en los años de 1920 asentándose cerca del jardín del Carmen en el barrio de Tepito,  una colonia conocida por sus arenas de lucha en las que se preparaban todos aquellos que querían ser pugilistas.


Fue hasta los años 30 que hace evidente su interés por la práctica de la Lucha libre. Basados en algunos carteles de la época se dice que Rodolfo inició su carrera el 28 de junio de 1934 en la Arena Peralvillo Cozumel, aunque la Empresa Mexicana de Lucha Libre (EMLL), asegura que fue en el Deportivo Islas de la colonia Guerrero en 1935.


Mientras Rodolfo Guzmán forjaba su carrera como luchador, en la década de los 40 contrajo nupcias con María de los Ángeles Rodríguez Montaño con quien procreó diez hijos: Alejandro, María de los Ángeles, Héctor Rodolfo, Blanca Lilia, Víctor Manuel, Miguel Ángel, Silvia Yolanda, María de Lourdes, Mercedes y Jorge Guzmán Rodríguez, solo uno de ellos siguió sus pasos y se dio a conocer en el ring como El Hijo del Santo.


Fue un padre amoroso, ausente por su trabajo, sin embargo, sus hijos siempre tuvieron la mejor imagen paterna. “Mi mamá se encargó de enseñarme a amarlo, aunque no estuviera tan presente, porque ella siempre me hablaba de él, lo ponía como el máximo ser humano y me decía: tu padre es un hombre muy trabajador, no puede estar todos los días aquí, tiene que viajar, siempre está pensando en ustedes. Lo empecé a ver como un hombre ejemplar y lo aprendí a amar a través de mi madre”, expresó en una entrevista El Hijo del Santo.



Una faceta poco conocida de El Santo era la de dibujante, asistió a la Academia de San Carlos, también quería estudiar arquitectura, pero esos deseos no se concretaron porque su familia era numerosa y tenía que trabajar para mantener a sus 10 hijos.


Antes de convertirse en luchador trabajó como costurero dentro de una maquiladora de ropa y fue donde aprendió a armar sus propias máscaras.


EL HÉROE LLEGA A LA PANTALLA GRANDE


El género de luchadores en México inició en 1952 con la película El enmascarado de plata, protagonizada por el luchador profesional conocido como El Médico asesino y dirigida por René Cardona. Fue hasta 1958 cuando Santo se convirtió en personaje de cine, logrando un éxito arrollador precedido por el éxito de la historieta de José Guadalupe Cruz, quien convirtió a El Santo en el primer personaje fantástico de la literatura popular mexicana y uno de los más queridos, junto al legendario Kalimán.


El anhelado debut cinematográfico de El Santo ocurrió en 1958 con dos películas filmadas en Cuba y producidas por los hermanos Rodríguez Santo contra el cerebro del mal y Santo contra hombres infernales. A pesar de la inmensa popularidad del personaje, los productores aún no creían que pudiese convertirse en un imán de taquilla, por lo que la realización de ambas cintas denota un enorme descuido y grandes dosis de improvisación.


"A mí no me llamaba la idea de hacer cine, porque creí que no podía ser un buen actor, sin embargo, un ex luchador, Fernando Osés, me animó porque tenía dos argumentos para mí y así fue como me convenció de que saliéramos a Cuba en 1958 y filmara dos películas Hombres infernales y El cerebro del mal. No son películas para concurso, pero tal vez sean unas de las más bonitas que hice y me ayudaron a entrar al cine mexicano porque fueron dos taquillazos que hasta la fecha siguen dejando dinero”, explicó el propio Rodolfo Guzmán en una entrevista.


El género de luchadores en el cine mexicano se caracterizó por mostrar a musculosos hombres cuyos rostros estaban cubiertos por máscaras, los protagonistas de las cintas de luchadores se convirtieron en justicieros, al más puro estilo de algunos super-héroes de los comics norteamericanos como El Fantasma (The Phantom), personaje enmascarado que luchaba infatigablemente contra el mal, creado por Lee Falk en la década de 1930.


Tras el éxito de sus dos primeras películas, se filmó El Santo contra los zombies (1961)  que incorporó formalmente al Enmascarado de Plata al cine industrial mexicano a través de cintas que se caracterizaban por la variedad de sus aventuras y la diversidad de escenarios en las que se rodaban, que iban de hoteles a zonas arqueológicas.



Su internacionalización como personaje de película llegó con Santo vs. las mujeres vampiro (1962), que exploraba el cine gótico y en la que el Enmascarado de Plata se enfrentaba a las inquietantes vampiresas en un castillo en ruinas, telarañas y tumbas abiertas. Con la ayuda de sofisticadas herramientas -relojes intercomunicadores, videófonos futuristas y autos convertibles- Santo se convirtió en una especie de James Bond enmascarado, siempre listo para luchar por la justicia.


Santo en el museo de cera, su siguiente película, reforzó la nueva personalidad creada para el héroe enmascarado. Esta cinta, una de las más representativas de la primera etapa de la exitosa carrera cinematográfica del Enmascarado de Plata, conjunta todos los elementos y situaciones que ayudaron a construir el mito del inolvidable héroe de la máscara plateada: su estrecha colaboración con la justicia, su capacidad para analizar situaciones riesgosas combinada con la fuerza necesaria para sortear los peligros, así como su habilidad para utilizar artefactos de "alta tecnología" que le permitían ir un paso adelante de sus adversarios.


Otros filmes combinaban el horror y la ciencia ficción, tal es el caso de Santo vs. el estrangulador (1963), Atacan las brujas (1964), Profanadores de tumbas (1965), El barón Brákola (1965) y la delirante Santo, el Enmascarado de Plata vs. la invasión de los marcianos (1966), además de las ya mencionadas Santo vs. las mujeres vampiro (1962) y Santo en el museo de cera (1963).


Con Operación 67 y El tesoro de Moctezuma -filmadas simultáneamente en 1966 por René Cardona, Jr.- el color llegó a las películas de Santo, al mismo tiempo que se acentuó el suspenso de corte policíaco en sus tramas. En estas cintas, el Santo hizo mancuerna con el actor Jorge Rivero para desbaratar a una peligrosa banda internacional.


“A partir de este momento el Enmascarado de Plata ascendía en la escala social -recuérdese que lo mismo sucedió con los filmes de Mario Moreno "Cantinflas" y Pedro Infante-; contaba con un departamento de lujo, su laboratorio se modernizó y dejó las capas y las mallas por los sacos sport y los suéteres de cuello de tortuga, sin que falte su auto deportivo al estilo James Bond”, señala el crítico de cine Rafael Aviña en un artículo titulado "Del cuadrilátero a la pantalla. El Santo, vida, obra y milagros”.


En sus aventuras, Santo siempre estuvo rodeado de bellas y atrevidas mujeres. Algunas fueron temibles adversarias, como las misteriosas Lorena Velázquez y Ofelia Montesco de Santo vs. las mujeres vampiro o las inquietantes Maura Monti y Eva Norvind en Santo contra la invasión de los marcianos; otras, como la escultural Elizabeth Campbell de Operación 67 o la no menos imponente Amedée Chabot de El tesoro de Moctezuma.


Las películas de El Santo no solo conquistaron al público mexicano, de Estados Unidos y Latinoamérica, también al de Líbano, Marruecos, Egipto y Turquía. En Beirut y Estambul aún existen fanáticos del legendario luchador que afirman, con gran seriedad, que Santo era un superhéroe de origen árabe o turco. La fama de Santo en Turquía fue tan grande que llegaron a filmarse películas, como Los tres poderosos (3 Dev Adam) realizada en 1973, en las que su personaje fue interpretado por una estrella local, el actor Yavuz Selekman.


A finales de 1970 la fórmula creada por las películas de El Santo funcionaba perfectamente con todos los públicos y el enmascarado se daba el lujo de alternar el cine infantil de Santo contra Capulina (1968) con el porno-soft de Santo en la venganza de las mujeres vampiro (1970). La fama de Santo se extendía por todo el continente americano, Europa, Medio Oriente y el Pacífico Asiático.


En esa década, las tramas de sus filmes oscilaron entre las intrigas policíacas de corte internacional -como Misión suicida (1971), Anónimo mortal (1972) o Santo en el misterio de la perla negra (1974)- y las fantasías terroríficas, al estilo de Las momias de Guanajuato (1970),Santo vs. la hija de Frankenstein (1971), Las bestias del terror (1972) o La venganza de La Llorona (1974). Esta etapa de la filmografía del Santo se caracterizó por sus rodajes en locaciones internacionales: Colombia, Ecuador, Puerto Rico, Haití y los Estados Unidos sirvieron de escenarios para sus aventuras.



En 1973 el Enmascarado de Plata rodó en España la que llegó a considerar su mejor película:Santo contra el doctor Muerte, cuya trama se desarrollaba en el siniestro mundo de los traficantes de arte, Santo contó con diez semanas de rodaje en lugar de las tradicionales tres o cuatro de sus producciones mexicanas.


Sin embrago, el brillo de la máscara de plata comenzó a opacarse hacia 1978. Aunque la popularidad del Santo se mantenía vigente, los productores se desinteresaron de su atractivo taquillero al descubrir que el cine de ficheras y el cine fronterizo eran géneros más rentables. El tiempo también se puso en contra del Enmascarado de Plata, quien ya superaba los sesenta años de edad. Aún así, el héroe de mil batallas se dio tiempo para enfrentarse a unos cuantos villanos más y darle la alternativa a su vástago en Chanoc y el Hijo del Santo vs. los vampiros asesinos (1981) antes de realizar su última acrobacia fílmica en La furia de los karatecas (1982).


EL SANTO QUE SE CONVIERTIÓ EN LEYENDA


El 12 se septiembre de 1982 El Santo se retiró oficialmente de los cuadrilateros, tenía 65 años de edad y 42 como luchador profesional. Tomar la decisión no fue fácil pero tres años antes ya sentía el descontrol en su organismo, en al menos tres ocasiones perdió el conocimiento mientras peleaba, su familia estaba alarmada y le pidieron dejara la lucha libre y la actuación.


“La lucha libre ha sido todo para mí. Dejar de luchar fue algo muy triste, aún recuerdo la reacción del público cuando me retiré. Me dijo adiós a su manera, con una fuerte ovación. Ésa es una de las más grandes satisfacciones que he recibido en mi vida”, dijo el propio Guzmán Huerta.


El 5 de febrero de 1984, El Santo se encontraba participando en una obra en el Teatro Blanquita, cuando comenzó a sufrir dolores en el brazo y en el pecho, por lo que fue llevado al hospital, donde murió debido a un infarto.



La leyenda fue enterrado con su máscara de plata, tal como él lo quiso. A su funeral asistieron al menos 10 mil personas para darle el último adiós al panteón Mausoleos del Ángel. Black Shadow y Blue Demon ayudaron a cargar su féretro.


“Siempre me gustó la leyenda que se creó alrededor de El Santo. Logré una gran proyección. Visité casi todo el mundo, me recibieron varios presidentes. En cualquier parte donde me presentaba causaba admiración. Pero tuve que sufrir mucho para mantener el misterio. No sólo me enfrenté a verdaderas fieras del cuadrilátero y las vencí para conservar mi identidad, sino que también tuve que enfrentar a mis seguidores, a los curiosos, a muchos reporteros que seguían mis pasos para descubrir quién era El Santo. La máscara fue un verdadero problema”.



MÁS LEIDAS

Pedro Infante, el ídolo más humilde del mundo

POR ULISES CASTAÑEDA 18-11-2017 23:23:53

Pedro Weber "Chatanuga", más que un cómico del cine de ficheras

POR ULISES CASTAÑEDA 22-03-2016 15:33:27

El Santo, la leyenda enmascarada que siguió su destino

POR NANCY MORA 23-09-2017 23:37:11