La habitación: Relatos del lado oscuro de México

POR: ULISES CASTAÑEDA

10-09-2017 14:48:11


 El cine tiene el poder de hacer de convertir algo posiblemente intrascendente en algo significativo. Esa es una de sus grandes cualidades. En 2007, en el Festival de Cannes se presentó el largometraje Chacun son cinéma, el cual era la compilación de 33 cortometrajes hechos por cineastas de renombre como Wim Wenders, Aki Kaurismaki o Lars von Trier, entre otros, cada uno para contar una historia en torno a las emociones que se viven en una sala de cine. A partir de la experiencia de sus personajes se puede tener una noción sobre cómo nos llevamos las emociones de la sala del cine a nuestras vidas, desde Estados Unidos hasta Congo.


 En la Ciudad de México, el Festival Internacional de Cortometrajes Shorts México inauguró su edición número 12 con un largometraje que también hizo significativo a un lugar, guardando las proporciones de comparación. Se trata de La habitación, un filme realizado por ocho distintos cineastas de renombre en el cine mexicano con propuestas diferentes, aunque las primeras cuatro de ellas completamente enlazadas. Son ocho filmes unidos porque se desarrollan en la misma estancia de la casa pero en diferentes épocas.


 Los directores participantes de esta película son Carlos Carrera,  Daniel Giménez Cacho,  Carlos Bolado,  Ernesto Contreras, Alfonso Pineda Ulloa,  Alejandro Valle,  Iván Ávila Dueñas y  Natalia Beristain, en orden de su aportación en el filme costeado por Machete Producciones (La jaula de oro, 2013) y que ha tardado ocho años desde que se comenzó a planear en 2009 cuando producían Año bisiesto, de Michael Rowe.


 Más allá de los significados que llega a tener el filme, otro factor común es el de la mirada de los realizadores hacia historias dolorosas y/o trágicas, desde la historia de amor de un par de campesinos, que nos muestran las estrictas normas morales, la división de clases y la tensión de la Revolución; pasando por la historia de una mujer China que padece discriminación en la capital mexicana durante los años 30; hasta las secuelas de Tlatelolco en el 68; el terremoto de 1985; la crisis en los tiempos de Colosio, y las desapariciones de personas en años recientes.


El primer episodio, lleva por nombre El sueño, dirigido por Carlos Carrera (El crimen del Padre Amaro, 2002), quien nos lleva a los días previos a la Revolución Mexicana cuando una pareja de familia acomodada se alista para una fiesta, con motivo de las fiestas patrias, mientras que una de sus sirvientas de origen campesino, ve frustrado su festejo por órdenes del patrón, sin saber que su amado se encuentra en la casa y posiblemente será la última vez que lo vea. Se trata de un segmento sobre la división de clases, en el que lo mismo se muestra la tensión revolucionaria, que la sensual, en la historia de los enamorados.



 Daniel Giménez Cacho dirige La pesadilla, y ocurre apenas tres años después (1913). Ahora hay un conflicto armado, en el dueño de la casa inmiscuido en la política es perseguido por Victoriano Huerta. En su propio hogar es interceptado por un pelotón comandado por un joven que trabajó para él, y al cual le cortó dos dedos por un hecho del pasado. Una oscura y brillante parte que se adentra en el tema de la venganza, sobre los giros de la vida y los actos que condicionan vidas.


 El siguiente segmento fue dirigido por Carlos Bolado (Bajo California, 1998). Duermevela se desarrolla en 1928, los dueños de la casa han dejado a una de sus sirvientas campesinas a su cuidado, y ella lo renta a una migrante china, encarnada por Kaori Momoi, recordada por su participación en la cinta Memorias de una geisha. La película se esfuerza en exhibir las manifestaciones xenofóbicas que había en la capital mexicana en 1928. Una parte con un tema interesante, que se ve empañado por actuaciones medianas.



 La parte siguiente la filmó Ernesto Contreras (Las oscuras primaveras, 2014), bajo el título de El erotismo, con una trama que se desarrolla en 1946, año en que fue creado el Partido Revolucionario Institucional (PRI). El filme es protagonizado por la intérprete francesa Irène Jacob, quien obtuvo la Palma de Oro en Cannes por su actuación en La doble vida de Verónica y Dagoberto Gama. La cinta narra el reencuentro de dos viejos conocidos y el cierre de ciclos de una forma apresurada, cursi e ingenua.


 Las historias que continúan se desarrollan en la segunda mitad del siglo. La soledad y el juego, dirigido por Alfonso Pineda Ulloa (Amor, dolor y viceversa, 2008), nos habla de las secuelas de la matanza estudiantil de Tlatelolco en 1968. Es el día que se inauguran las Olimpiadas en la Ciudad de México y una joven que asistió a la Plaza de las Tres Culturas soporta las heridas de la violencia, mientras que su pareja, uno de los policías que pertenecieron a los grupos de vigilancia enviados por Díaz Ordaz  para contener cualquier tipo de reacción, se alista para trabajar, y su bebé se pasea por la habitación.


 El más extravagante de los segmentos es La vigilia, de Alejandro Valle (Historias del desencanto, 2005). Hace el retrato de dos mujeres vecinas, la antigua casa se ha convertido en un lugar de renta de apartamentos y en la habitación que se relaciona a las otras historias vive una mujer con enanismo, que trabajaba en un circo. Su vecina es una joven adicta a las drogas y tiene una relación de codependencia con su novio. Un acto violento las pone en la misma habitación, ellas se consuelan a sí mismas de sus difíciles vidas, pero no saben que ese día habrá un terremoto. Es 19 de septiembre de 1985. El filme juega con el recurso de la fantasía y al mismo tiempo roza con cierta destreza el tema del machismo.


 


El más impactante de los cortometrajes es La muerte, dirigido por Iván Ávila Dueñas (Adán y Eva (todavía), 2004), quien nos lleva a 1994. La casa ahora son ruinas y la habitación es el refugio de niños de la calle, esta parte ocurre en tiempos del asesinato de Luis Donaldo Colosio. Un escalofriante relato sobre la pobreza y los límites a los que pueden llegar niños que luchan por sobrevivir. Emotivo, trágico, provocador y contundente. El mejor de la cinta.


Finalmente, está La evocación, con una historia que ocurre en 2010 teniendo como protagonistas a una historiadora y un restaurador, que dirige Natalia Beristain (No quiero dormir sola, 2012). Una historia sobre el deseo de salir adelante en tiempos en los que el crimen organizado puede secuestrar personas sin reacción de las autoridades.


En conclusión, La habitación es un largometraje irregular, por la disparidad de calidad de sus historias. Podemos celebrar la importancia de cada una de las propuestas, pero en términos de una obra completa hay segmentos que rompen con el nivel de calidad de trabajos como los de Carreras o Ávila Dueñas. Muy interesante el ejercicio de poner como hilo conductor a un cuarto de una casa, y más aún que el protagonista sean historias inspiradas en el lado oscuro del país. 



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