Hatuey Viveros y la intimidad del duelo en Café

POR: ULISES CASTAÑEDA

24-08-2017 21:36:32


En palabras de Hatuey Viveros, el primer documental de su carrera Café, por un lado “es un acto de amor”, por el otro también es un filme que surgió del “temor de la muerte de mis padres, ese que todos tenemos y que no queremos imaginar, en ese momento se hizo muy presente”. La motivación de ambos sentimientos fue la muerte de un amigo de su familia, una marca que quiso dejar plasmada en la pantalla grande.


“Por eso salió la inquietud de usar al cine como un acto de amor, me sentía comprometido con el duelo de mi padre, y me pareció que hacer una película sería una buena forma de hacer un tributo a la memoria de una persona y al mismo tiempo descubrir como las personas lidian con el luto”, explicó el cineasta, en entrevista con Encuadres.


En el 2011 el cineasta Hatuey Viveros estrenó su cinta Mi universo en minúsculas. Fue su ópera prima y trabajo de tesis del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), en torno a la historia de una mujer extranjero que llegó a México en busca de su padre. Esa película fue un trabajo de ficción. A seis años de distancia el realizador vuelve a tomar la figura paterna pero en un contexto y formato muy distinto.


Viveros exhibe la cinta documental Café en la Cineteca Nacional, la cual retrata de una manera íntima y delicada, el duelo que vive una familia de la sierra poblana tras la muerte de Antonio, el padre de familia, cuya ausencia ha dejado un profundo vacío en cada uno de ellos:


“Esta película surge de una historia familiar. Mi padre era muy amigo de Antonio que es la persona que fallece y por quien se desencadena toda esta historia. Yo veía a mi padre muy triste porque era muy entrañable, nuestras familias habían crecido juntas, cuando vienen a México cuando Antonio estaba hospitalizado nos reencontramos después de muchos años y ahí vi que Jorge está a punto de graduarse”, expresó.



Hablada casi por completo en náhuatl, la cinta se desarrolla en tres temas fundamentales a través de los personajes de Teresa y sus hijos, Jorge y Rosario, para hablar de las distintas dificultades que enfrenta una gran parte de la población mexicana para estudiar y salir adelante.


“Los tres hechos de la película son que Antonio había fallecido, que habría un aniversario luctuoso y que Jorge se graduaría de la escuela. De ahí se desató un proceso de exploración que tiene que ver con la identidad, con el desenvolvimiento de las personas, y de ahí se parte a muchas cosas más”, dijo el cineasta.


“Algo que determinó el lenguaje cinematográfico de la película fue la lengua que yo no hablo, el náhuatl, eso te da una aproximación distinta a lo que estás grabando para hacer la  película. Tienes que aprender más a mirar las reacciones emocionales y ver qué está sucediendo en términos dramáticos, eso me parece más fundamental que las palabras. Había que escuchar pero también un poder dramático en el silencio”, añadió.



Jorge estudia y se gradúa como el primer abogado de su comunidad a pesar de la pérdida su padre y sus escasos recursos; su objetivo como profesionista es defender las causas de su pueblo, Rosario deberá enfrentarse a una difícil decisión siendo aún una adolescente y Teresa que al ser ahora el único sustento para su familia se enfrenta a una problemática nueva.


“Me parecía muy interesante como Jorge miraba todo, como había una noción de identidad y la relación con la costumbre, y la falta de mecanismos de protección a su cultura. Tiene que ver con la falta de atención al medio ambiente, a los espacios comunitarios en la misma ciudad y el allanamiento del espacio público”, comentó Hatuey.


El café es aquí un pretexto para el reencuentro, un acontecimiento íntimo y familiar para compartir experiencias, así como una bebida eminentemente social. Así, mientras se reúnen a limpiar y tostar granos de café, esta familia comparte sus preocupaciones, problemas y posibles soluciones a través de una sensibilidad narrativa y estética únicas que dotan al filme de una calidez muy humana.


El realizador también compartió su opinión a propósito de que hay pocos filmes que se aproximen a las historias de comunidades indígenas: “Creo que hay una invasión cultural, estamos muy determinados. Siempre ha habido este choque entre lo que es, lo que viene de fuera y lo que se supone debe ser, eso tiene que ver con la idea de que las historias que mejor podemos contar son las que conocemos bien y son las que nos rodean, y esta convicción de que desde lo sutil y cotidiano hacemos historia”, mencionó.


“Eso nos lleva a mirar lo que está al lado y a valorar lo que construimos, está la cuestión de identidad sobre cómo te asumes como sujeto y como cineasta también hay un mercado de lo audiovisual y unas reglas de temática, incluso hasta el ritmo del corte y lo rentable”, concluyó. 



Previo a su estreno, Café recibió en 2014 el Gran Premio del Visions du Reel International Film Festival, en Suiza. También obtuvo el Premio a Mejor Documental Biarritz International Festival of Latin American Cinema y el Premio Reveu Sequence del Montreal First Peoples Festival. Un año después formó parte del festival Docs Fortnight del Museo de Arte Moderno de Nueva York.



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