Sieranevada o el tedioso realismo

POR: ULISES CASTAÑEDA

24-08-2017 14:52:07


En el nuevo milenio comenzó en Rumania un movimiento cinematográfico que abordaban los efectos del régimen totalitario. Cineastas como Cristian Mungiu, Radu Muntean y Cristi Puiu han sido reconocidos en algunos de los festivales más importantes del mundo con su propuesta de neorrealismo similar al italiano, que en la edición 2016 del Festival de Cine de Cannes pedía a gritos la Palma de Oro con el más reciente filme de Puiu, Sieranevada. Lo cierto es que está muy lejos de ser in filme imprescindible, como sí lo es 4 meses, 3 semanas, 2 días, de Mungiu.


Sieranevada es una película que nos ofrece una mirada antropológica a un día en la historia de una familia rumana que se vuelve un ejercicio sobre la histeria. Han pasado tres días desde el atentado contra Charlie Hebdo y cuarenta de la muerte del padre de Lary, un médico de 40 años. Junto a su esposa Laura, está en camino a una ceremonia religiosa en memoria de su difunto, en la cual un miembro tiene que encarnarlo y encabezar una cena familiar. No obstante, la ceremonia se llena de obstáculos debido a las personalidades y problemas de cada miembro de la familia a las que el director nos hace testigos de una forma casi insoportable.


A lo largo de casi tres horas, el director nos muestra que el realismo en el cine puede resultar más tedioso y más si no hay una historia interesante que contar. Hace que la realidad en la pantalla sea más hastío que una reflexión sobre las heridas históricas, sobre los temores y frustraciones de los personajes. Las rencillas familiares son incómodas, pero no interesantes; la introspección del personaje es tan tibia que cada historia del espectador parece más profunda y hasta el ritual religioso carece del sentido fatídico que pretende mostrar. Sieranevada es la promesa de un mar de reflexiones que sólo tiene un metro de profundidad.



Cuando tuvo su estreno en el festival de Cannes, la crítica especializada la llenó de flores y despertó una expectativa innecesaria. No es mentira cuando digo que a la primera media hora sólo hemos visto como le reclama Laura a Lary; el realismo juega siempre en contra del filme: en su atmósfera, en la historia, en los diálogos, que no son más que gritos de histeria. Incluso se hablaba de una innovación en el lenguaje cinematográfico que no va más allá de un juego voyerista en la que la cámara sólo hace paneos.


Lo que sí es digno de destacar es el naturalismo de los personajes: todos resultan fastidiosos en algún momento, pero a la lente, hacen un espectacular juego coreográfico al salir y entrar de cada recámara, cocina, comedor y baño con una precisión que no se estorban entre sí. El naturalismo de su forma es lo más valioso, pero es desperdiciado al ponerlo en este retrato social que no es capaz de mover un solo sentimiento. Como ejercicio cinematográfico tiene sus pinceladas, es denso pero de una forma no agradable, más bien redundante. No es desastrosa pero… no vale la pena.



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