Las tres de: "El Güero” Castro

POR: IRVING TORRES YLLÁN

26-03-2020 19:10:08

Las tres de El Güero Castro


El cine mexicano cuenta con más de 100 años de historia, 124 para ser precisos, en los que han desfilado incontables directores que han enriquecido la filmografía nacional. En Encuadres hemos invitado a críticos cinematográficos a que nos compartan tres películas que consideren son fundamentales en la carrera de cineastas que han pasado por los sets cine. En esta primera entrega, Irving Torres de CineNT, nos comparte su seleccionado, un director que forma parte de un cine bautizado como la sexycomedia mexicana.

En tiempos de cuarentena hay que recordar que se puede reír, sobrevivir y se puede aprovechar para revalorar ciertos directores nacionales que aportaron mucho a la industria fílmica más allá de los exquisitos que dictaminan lo que vale o no la pena recordar en la historia del cine mexicano. Víctor Manuel “El Güero” Castro es uno de ellos. Creador de la historia que actualizaría y revolucionara el género de ficheras nacional, “Bellas de Noche” (Delgado 1975) es también el perpetrador del inicio de la sexycomedia con “La Pulquería” su Ópera Prima. Eso sí, mentes que se ofenden de todo, en verdad, huyan, serán incapaces de comprender esta etapa del cine nacional.


VÍCTOR MANUEL “EL GÜERO” CASTRO


LA PULQUERIA, 1980 


Basada en una obra de teatro popular, marca el debut de “El Güero” como director. Un trabajo infame, teatro filmado casi en su totalidad, con lo que parece una regla de oro de no hacer acercamientos o desplazamientos de cámara, solo retratar las situaciones, anécdota mínima que sólo era el pretexto para soltar groserías, chistes de dudoso gusto y mostrar la anatomía de las chicas participantes. A pesar de sus notables fallas (eso de voz en off sobre imagen congelada para que no se eche de menos una escena no filmada o echada a perder en otro lado) es una cinta clave en el cine mexicano al ser considerada como la iniciadora de la sexycomedia, género que inundaría la pantalla nacional y que, además, metería más dinero en taquilla que otras cintas. ¿Y cómo no lo iba a hacer si daba de protagonistas a mexicanos albureros, excitables como adolescentes y, sobre todo, de físico real y no de modelo de televisión? Una cinta a descubrir por aquellos que deseen en realidad hacer arqueología del cine nacional.


EL MOFLES Y SUS MECÁNICOS, 1985 


Una cinta que dio uno de los personajes claves de la sexycomedia, el mecánico interpretado por Rafael Inclán pasará a la historia como un ejemplo perfecto del macho bragado, enamoradizo y con hormonas adolescentes. Una de las escasas trilogías nacionales, las cuales son un pretexto para el albur y los desnudos. De nueva cuenta que el protagonista sea un vecino cualquiera se reflejó en taquilla. A diferencia de su Ópera Prima hecha 5 años antes, ahora se nota más seguro de su manejo de cámaras y las situaciones ya no son tan burdas, por lo menos se finge se narra una historia que no lleva a nada y no importa, pero se intenta. A destacar que es un himno a la camaradería y el amor. En esta cinta el director logra de forma rara crear una cinta que traspasa la sexycomedia al crear un personaje tan real y humano que el público hizo suyo.


UN MACHO EN LA CÁRCEL DE MUJERES, 1987 


El cine mexicano tiene pocas sagas, siendo la protagonizada por Alberto “El Caballo” Rojas una de las más prolíficas de la historia nacional, Unidas por el título de “Un Macho en…” se crearon seis películas para la pantalla grande y en alguna de ellas participa en la creación del tema musical un tal Alejandro González Iñárritu. En la primera cinta de esta saga se plasma toda la anécdota de las mismas, por un enredo el personaje principal termina en algún lugar de un gran país donde se convierte en el objeto sexual de cuanta mujer sale en la pantalla. Si todas las sexycomedias son pretextos para el desnudo y el albur, en esta serie de cintas alcanzan uno de sus puntos máximos, con un “Caballo” destrampado y dispuesto a ser todo un garañón. “Un Macho En…” es el perfecto ejemplo del afinado ojo de los productores de cine comercial mexicano de la década de los ochenta, quienes detectaban lo que las Audiencias querían ver y con mínimas variantes las llevaban al extremo.