Jorge Ayala Blanco. Una vida dedicada al cine

POR: NANCY MORA

20-03-2016 23:46:48


“Da lo mismo si una película te gusta o no, lo realmente importante son las emociones que puede remover en ti, saber qué te aporta lo que ves en pantalla, más allá del gusto personal”. Éste es el criterio que ha regido a Jorge Ayala Blanco por más de cinco décadas y que lo ha llevado a ser uno de los analistas e investigadores más prolìficos con más de 33 libros publicados y miles de reseñas escritas en diversos medios.


 


A propósito de sus 50 años como profesor del Centro Universitarios de Estudios Cinematográficos (CUEC) y la reciente publicación de su libro El cine Actual, Confines temáticos, Ayala Blanco abrió las puertas de su casa y de sus recuerdos a Encuadres para hablar de su mayor pasión: el cine.


 


A lo largo de su vida Ayala Blanco ha visto más de 26 mil películas, recurre  lo mismo al cine comercial que al de arte, ya sea Lars von Trier, Woody Allen o Álex de la Iglesia, porque asegura que lo importante es tener un panorama amplio, aunque para él, a estas alturas ya no es necesario ver la película completa, “si son los churrasos que compro en la esquina, basta con ver los primeros 10 minutos, si no funciona le voy adelantando”.


 


Adrián Contreras


 


Sentado en la sala de su casa, rodeado de miles de películas y discos de acetato, Ayala Blanco recuerda que 1965 fue un año que definió su futuro, no sólo abandonó la carrera de Ingeniería Química en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) , también consiguió la beca del Centro Mexicano de Escritores, empezó a escribir su primer libro de ensayos sobre el cine mexicano e inició a dar clases en el CUEC.


 


“Tenía 23 años cuando empecé a escribir sobre cine de manera formal y a dar clases, aunque desde antes tuve muy claro que más que verlo como una profesión para mí era una pasión, para mí escribir es un placer, hay a quien le da miedo la página en banco, yo creo que eso o pasa si tienes vocación de periodista o escritor, y yo ejerzo la profesión del periodismo y  tengo formación de escritor”.


 


El filólogo Francisco Monterde y los escritores Juan Rulfo y Juan José Arreola fueron sus principales influencias, además desde muy joven coleccionó críticas de cine de Efraín Huerta, “ellos fueron los que me enseñaron a escribir y a no separar al buen escritor del buen periodista”.


 


Una cosa llevó a la otra, el suplemento cultural México en la Cultura del periódico Novedades le permitió hacer sus primeras críticas de cine con toda libertad, después vino la revista Siempre! por invitación de José Emilio Pacheco y Diorama de la Cultura con Julio Scherer, al lado de escritores como Rosario Castellanos y Ricardo Garibay. Más tarde colaboró con Carlos Monsiváis, relación que se prolongó por más de 18 años, hasta llegar a El Financiero y su Cinefilia Exquisita, que se mantiene vigente.


 


Siempre metódico, Ayala Blanco decidió ver, reglamentariamente, dos películas por semana, una de cine de arte y una más de cine mexicano, lo que le permitió manejar dos lenguajes totalmente distintos y con el paso del tiempo ya tenía varios libros hechos a partir de estas críticas semanales.


 


Su gusto por el cine, dice, se remonta incluso antes de nacer, pues sus padres eran cinéfilos, pero a partir de los 12 años fue que escribió sus primeros apuntes sobre una película. Con nostalgia recuerda los cines a los que acudía en su juventud, como el viejo Cine Majestic ubicado frente a la Alameda de Santa María la Ribera, un lugar majestuoso con dos salas de proyección, una era enorme y a ella acudían las personas adineradas que podían ver cine extranjero, mientras que la sala contigua era para la servidumbre y en ella se proyectaba cine mexicano, “definitivamente era más divertida la sala de cine mexicano, porque en el intermedio había música y la gente bailaba”.


 


En aquella época, los años 50, había más de 220 salas de cine en la Ciudad de México, por lo menos 30 en el circuito universitario, uno de ellos era el Cine Goya, que fue el que dio pie a la porra de la UNAM, “porque cuando nos queríamos ir de pinta, el grito era ¡Goya!, ¡Goya!, que significaba, vámonos al cine”.


 


El cine Ópera, el Mariscala, el Variedades o el Teresa eran el refugio de Ayala Blanco durante largas horas, ahora los recuerda con cierta nostalgia, “tengo el orgullo de decir que visité prácticamente todos los cines de aquella época”, sin embargo, también disfruta ir a los complejos actuales, con sus largas filas y avanzada tecnología, porque para él, el lugar es lo de menos, ya sea una sala de cine, un salón de clases o en la computadora, lo importante, asegura, es ver películas.


 


Así, entre cines, filmes y libros, Jorge Ayala Blanco fue forjando su larga trayectoria como investigador cinematográfico, asegura que siempre ha tenido una vida de jubilado porque ha trabajado en lo que más le gusta y su vida ha sido ver, hablar, investigar y escribir sobre cine, no la concibe de otra manera, “pensar en la verdadera jubilación sería un absurdo, yo pienso dejar de escribir cuando alcance la edad de Manoel de Oliveira, a los 106 años, así que todavía me faltan 33 años para alcanzarlo”.


 


“No pienso escribir mis memorias porque ya lo hice, llevó un diario íntimo que solo será publicado post mortem porque vulneraría demasiados egos”, concluye Ayala Blanco con una pícara sonrisa.


 



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