Creed 2. La misma fórmula para un gran adiós

POR: ISRAEL YERENA

11-01-2019 13:16:43

Creed 2


Sin duda alguna, una de las películas más esperadas por los amantes del drama y los deportes es Creed 2: defendiendo el legado, la cual, desde su anuncio ya auguraba una película llena de emoción y sentimentalismo, pues si bien por una parte ésta sería la despedida de Sylvester Stallone como Rocky Balboa, lo haría de la manera más grande y digna posible: enfrentando una vez más a su más grande rival, Ivan Drago.

Tras haber conquistado el título como campeón de los pesos pesados, Adonis Johnson Creed deberá enfrentarse al reto más grande de su carrera deportiva, pues tendrá que pelear contra un poderoso y brutal boxeador llamado Viktor, quien resulta ser nada más y nada menos que el hijo de Ivan Drago, el hombre responsable de la muerte de Apollo Creed.


Al igual que su primera parte, esta cinta se aleja de la historia de Rocky Balboa para centrarse en Adonis Johnson (Michael B. Jordan), lo cual, aunque pareciera una locura, es bastante funcional debido a que el personaje de Stallone se desplaza de la historia de una forma tan sutil y pulcra, que es prácticamente imperceptible el momento en que el hijo de Apollo pasa a ser el protagonista de una nueva saga. Sin embargo, esta secuela no deja de regirse bajo la misma fórmula que sus antecesoras, por lo cual, aunque resulta ser entretenida tampoco es innovadora.


Esto ocurre porque aquí vemos a un Adonis Johnson perder poco a poco el hambre de victoria ya que aunque se ha ganado su lugar como el campeón del mundo, él mismo no se percibe como tal, lo que hará que su carrera y su credibilidad lentamente vayan en picada. Por supuesto el que de pronto reciba el reto de Viktor (Florian Munteanu), hijo de Ivan Drago (Dolph Lundgren), para pelear por el cinturón, terminará por destrozarlo anímica y físicamente.


Dolph Lundgren y Florian Munteanu Creed 2


Esto sucede porque a raíz de la primera de dos peleas entre estos dos hombres, Adonis termina humillado y quebrado físicamente, motivos que, como dijimos antes, no hacen más que repetir la misma fórmula de las cintas pasadas (sobre todo de Rocky III y Rocky IV). Con esto nos referimos a que veremos al campeón caer sólo para volver a levantarse mediante la confrontación de sus demonios internos y una serie de arduos entrenamientos. Como vemos, nada nuevo en la historia, pero sí la misma emoción.


No obstante, el elemento que llega para “dar un nuevo aire” a la saga es la sangre nueva representada no sólo en Adonis, sino también en Viktor Drago, quien igual que su padre en Rocky IV, no es sino una montaña de músculos y fuerza bruta. Podría decirse que esto último es uno de los principales elementos de la historia, pues el mirar al hijo de Ivan sobre el cuadrilátero es todo un deleite de violencia e, incluso, un sadismo casi desmesurado.


Asimismo, ver a Rocky de nueva cuenta frente a Drago es de lo más interesante, pues mientras el primero es un hombre que únicamente desea vivir su retiro de una forma tranquila y juntar las fuerzas necesarias para reconciliarse con su hijo, el segundo es un ser lleno de odio y rencor, ya que su derrota frente al americano provocó que se ganara el odio y el desprecio de su nación; razón por la cual ahora proyecta toda esa frustración en su hijo Viktor.


No está de más decir que la química que existe entre Dolph Lundgren y Florian Munteanu es tan perfecta, que cada vez que se muestran en pantalla como padre e hijo, es fácil percibir la frialdad y el odio que ambos expiden con tal de conseguir su venganza.


Sylvester Stallone y Michael B Jordan Creed 2


Si bien Creed 2: defendiendo el legado sólo es una película más de la saga que presenta la misma fórmula que las cintas pasadas, cuenta con una serie de brutales y más que entretenidas peleas entre los hijos de dos de los personajes más queridos de la franquicia pero, sobre todo, funciona muy bien como una despedida para el personaje de Rocky Balboa, ya que aunque éste no cuenta con el mismo protagonismo que en sus propias cintas, su actuación es lo suficientemente buena como para decirle adiós a su personaje más icónico y, a la vez, dejarle el paso a la nueva sangre.



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