De libros, amores y otros males

POR: ALMA AGUILAR FUNES

30-10-2018 13:31:49

Florence Green (Emily Mortimer) es una joven viuda que decide aventurarse para emprender el sueño de su vida en un pueblo costero de Inglaterra: poner la única librería del lugar. Aunque no parece un anhelo irrealizable, las condiciones parecen no muy óptimas para Florence, comenzando porque el relato se ubica en 1959, época poco favorecedora para el género femenino en términos no sólo personales, sino también profesionales; y porque, para su desatino, la protagonista elige comprar una vieja casona con la que está obsesionada una de las mujeres más poderosas del pueblo, Violet (Patricia Clarkson).


De libros, amores y otros males es la cinta dirigida por la catalana Isabel Coixet, quien además hizo la adaptación de la novela The bookshop, escrita en 1978 por la inglesa Penelope Fitzgerald. En su trabajo cinematográfico se puede reflexionar sobre diversos temas de índole, especialmente de problemática social, al hacer conciencia de los obstáculos que sortea la protagonista. Está, por ejemplo, el hecho de que varios miembros de la comunidad, alentados por Violet y su gente, comienzan un acoso pasivo hacia la recién llegada con comentarios desalentadores e incluso agresivos, pero hasta cierto punto, disimulados.


Una vez instalada con librería andando, ocurre lo que parece una prueba, la novela recién editada Lolita, de Vladimir Nabokov, llega a sus manos, dejándola con el dilema de distribuirla u olvidarla. Sin embargo, uno de sus mayores obstáculos tomará forma cuando su antagonista, quien no sólo ostenta poder económico, sino también político, ataca legislativamente la librería, un espacio que irónicamente, busca promover la creatividad y el estímulo intelectual. Lo interesante de estos tópicos son las similitudes que guarda con la cotidianeidad, la actualidad y la universalidad de los problemas reales, por lo que cabría cuestionarse, ¿por qué las problemáticas de una novela, y ahora de una cinta, resultan tan tristemente próximas?



Afortunadamente, para Florence y para el propio espectador, hay personajes que la cobijan de una forma u otra, aunque es interesante lo que se presenta en la historia, pues la ayuda proviene de otros sectores también discriminados: el señor Edmund Brundish (Bill Nighy) un hombre de la tercera edad que vive recluido en su mansión, mientras una serie de mitos acerca de su solitaria vida parecen levantar un muro entre él y el pueblo; y Christine (Honor Kneafsey), una pequeña niña proveniente de una familia pobre y numerosa que ama las matemáticas, pero que poco valora la lectura hasta que trabaja con Florence en la librería.


El relato que entreteje Coixet resulta efectivo y contundente, pero además su realización técnicamente se va fortaleciendo desde su trabajo más reconocido en Mi vida sin mí (2003). En De libros, amores y otros males destaca la dirección actoral y las excelentes interpretaciones de Mortimer, Clarkson y Nighy. De igual manera, resalta la música de Alfonso de Vilallonga, que ambienta la historia sin crear cursilería. La producción también gana en ambientación y edición, aunque algunos planos llegan a recordar el estilo de Wes Anderson, lo que no resulta grave, pero sí poco original. El único fallo que podría achacársele a la cinta es el maniqueísmo de los personajes, que no termina de convencer en una historia que bien podría ser realista, pero que al final parece estar estructurada como un cuento, cuyo final resulta más complejo.


 De libros, amores y otros males puede verse todavía en algunas salas comerciales, y aunque su éxito parece que no trascenderá en taquilla, es una película imperdible para aquellos que aman los libros y las buenas causas editoriales.



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